El 29 de septiembre de 1616 estaba muriendo de diabetes Miguel de Cervantes Saavedra, quien hace 420 años escribiera su famosa obra “Don Quijote de la Mancha”, el libro más publicado en la historia bibliográfica mundial después de la biblia y a pesar de ello pocos saben hoy qué significados reales llegan a contener muchas de las frases en él citadas.
Leerlo es un placer y entenderlo sería el doble y en nuestra opinión, el mejor comentarista de la obra es Diego Clemencín y Viñas nacido en la española Murcia en el año 1765 y que en su edad adulta resolvió, como entretenimiento, leer el Quijote y explicarlo, asunto que hizo en 5.534 notas sin las cuales no podríamos entender a cabalidad la obra, pues carecemos de los conocimientos de la época para hacerlo, salvo el caso de los eruditos sobre el tema. Veamos algunos ejemplos:
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” … según Clemencín “el lugar del cual el quijote no quería acordarse es Argamasilla de Alba …” porque allá fue donde, por una rara acusación, tuvieron preso a Cervantes; igualmente según este autor, “quijote “es la armadura que cubría el muslo del jinete”; “Astillero” viene del latino asta o lanza porque era un armazón o percha de madera en que se colocaban las lanzas …” “adarga” es el escudo ligero de forma ovalada y hecha en cuero que servía de defensa al caballero.
“… una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de la hacienda…”, Clemencín lo explica así: “La mezquindad con la que los hidalgos manchegos al aprovechar los restos de la carne de la comida, los convertían en salpicón para la cena. Salpicón se dijo como carne picada con sal. Así mismo como cuando se morían o desgraciaban por cualquier accidente las ovejas, acecinaban la carne para uso doméstico y aprovechaban las extremidades y aún los huesos quebrados de lo cual hacían olla llamándola según Pellicer duelos y quebrantos; duelos por el que indicaban del dueño del ganado y quebrantos por el de los huesos de las reses”.
“Agradecióselo mucho Sancho, y besándole otra vez la mano y la falda de la loriga, le ayudo a subir sobre Rocinante …”; según Clemencín “...
Esta era la armadura interior sobre la cual se asentaba el peto y el espaldar, teniendo la falda algún faldón por fuera del arnés”.












