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Sábado 04 de octubre de 2025 - 01:00 AM

La responsabilidad de elegir bien

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Estamos a las puertas de una decisión que marcará el rumbo de Colombia. No podemos equivocarnos: debemos elegir a una persona proba, con una hoja de vida intachable, a prueba de cualquier escrutinio, alguien que devuelva la majestuosidad al cargo de jefe de Estado.

No se trata de escoger entre cien candidatos como si esto fuera un juego de azar. Es el futuro del país lo que está en juego. Necesitamos a alguien que conozca el manejo público, que entienda la administración del Estado y que respete el tiempo de los demás, porque respetar el tiempo es también respetar la vida de la gente.

Colombia no puede seguir en guerras diplomáticas innecesarias ni en peleas de micrófono con el Perú o con cualquier vecino. Mucho menos puede permitirse un error como lo fue ir a Estados Unidos y traer a Colombia un conflicto como el de Palestina. Eso nos distrae de nuestras prioridades internas y genera costos diplomáticos y políticos que el país no necesita. La política exterior debe servir para tender puentes, no para abrir nuevos frentes de confrontación.

Urge un liderazgo que recupere el orden público y dé tranquilidad a los industriales, empresarios y trabajadores. Sin confianza, no hay inversión; sin inversión, no hay empleo; y sin empleo, no hay progreso.

Y una tarea inaplazable: recuperar el sistema de salud. Devolver la certeza de que los medicamentos lleguen a tiempo, que conseguir una cita no sea una odisea y que los hospitales tengan condiciones para atender con dignidad a los pacientes. No es un asunto de discursos, es un derecho fundamental de los colombianos.

La transición energética debe hacerse con responsabilidad. Apostar por energías limpias, eólicas y renovables, sí, pero sin abandonar de golpe la exploración y explotación que hoy financia programas sociales y sostiene las finanzas del Estado. La transición no puede ser un salto al vacío: debe ser planeada, gradual y realista.

Colombia necesita un Presidente que hable menos de sí mismo y más del país. Que inspire confianza y que sea respetuoso, que entienda que la grandeza del poder radica en la serenidad, la prudencia y la firmeza. Que no alimente divisiones, sino que construya acuerdos.

Y sobre todo, necesitamos recuperar tres pilares: seguridad jurídica para atraer inversión, empleo para las familias y oportunidades para nuestros jóvenes. En ese camino, es fundamental solucionar de una vez por todas, el problema de los créditos del ICETEX, para que el acceso a la educación no sea una cadena de deudas eternas, sino un verdadero trampolín hacia el futuro.

Hoy más que nunca, debemos recordar que no se elige solo a un candidato: se elige el destino de una Nación. Menos show y más soluciones.

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