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Sábado 11 de octubre de 2025 - 01:00 AM

María Corina, símbolo de paz

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Ganó una mujer, ganó la paz, ganó la democracia, ganó un pueblo que se negó a rendirse. Ganaron los jóvenes encarcelados por pensar distinto, los presos políticos olvidados, los medios silenciados y las empresas que alguna vez fueron expropiadas en nombre del pueblo. Ganó la verdad frente a la mentira, la dignidad frente al miedo.

El Nobel de Paz para María Corina Machado no es solo un reconocimiento a su coraje: es un mensaje directo a los tiranos del continente. La libertad no se mata, ni con balas ni con censura. Representa la voz de millones de venezolanos que han resistido la oscuridad, que siguen soñando con volver a abrazar la democracia y caminar sin miedo por su país.

Venezuela lleva casi dos décadas bajo un régimen autoritario. Millones de sus ciudadanos tuvieron que huir, atravesar selvas y fronteras buscando un futuro que su propio gobierno les arrebató. Colombia lo sabe: en cada esquina hay un venezolano que carga en los ojos la nostalgia de su tierra. Este Nobel también es para ellos, para los que no se rindieron y siguen creyendo en la libertad; para los que sueñan con regresar sin miedo a ser perseguidos por pensar diferente.

Un aplauso para María Corina por su lucha incansable en el restablecimiento de la democracia y la paz en Venezuela. Valiente, decidida y perseverante, su voz hoy se premia. Esa voz que representa a un pueblo oprimido y que solo anhela abrazar nuevamente la libertad y la democracia. Es un mensaje claro a la tiranía de Nicolás Maduro y a todos los regímenes que, en nombre del pueblo, oprimen a sus ciudadanos y destruyen las instituciones y los valores democráticos.

Pero este premio también nos habla a los colombianos. Nos recuerda que la democracia no se cuida sola, que se defiende todos los días. Lo que pasó en Venezuela empezó con promesas bonitas y palabras de esperanza, hasta que el poder convirtió la ilusión en sometimiento. Ningún país está a salvo cuando el poder manipula las instituciones o divide al pueblo para gobernar sobre los escombros.

También es, inevitablemente, un triunfo del poder femenino. En una región donde las mujeres que alzan la voz suelen ser caricaturizadas o perseguidas, María Corina se impuso desde la convicción y la preparación. Sin excesos ni violencia, con el temple de quien entiende que la autoridad moral pesa más que cualquier uniforme presidencial.

Hoy, una mujer venezolana le recordó al mundo que la política no debe destruir, sino liberar.

Y que ningún poder, por grande que parezca, puede derrotar a un pueblo decidido a recuperar su libertad y su futuro.

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