Publicidad

Columnistas
Sábado 25 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Ecopetrol, entre la ideología y la incoherencia

Compartir

La Asamblea de Ecopetrol acaba de abrir la puerta para vender su negocio de fracking. Sí, leyó bien: vender. La empresa más importante del país, orgullo nacional y columna vertebral de nuestras finanzas públicas, podría desprenderse de una de sus operaciones más rentables, no por razones técnicas ni de sostenibilidad, sino por un mandato ideológico del presidente Petro.

El fracking es un asunto estratégico. Detrás de ese negocio, operado por Ecopetrol en la cuenca Pérmica de Estados Unidos, hay miles de millones de dólares en reservas, tecnología de punta y conocimiento adquirido. Los fanáticos de la narrativa ambiental simplista lo reducen a una batalla entre contaminar o no contaminar, pero en realidad está en juego la seguridad energética, los ingresos para la Nación y la capacidad de Ecopetrol para seguir siendo una empresa moderna, sólida y competitiva en el mundo real.

El presidente Petro no entiende que destruir lo que funciona no es hacer transición. Vender el negocio del fracking puede sonar bien para su militancia radical, pero en el fondo es una torpeza económica. Cuando falten recursos para tapar el déficit fiscal o transferencias a los territorios será demasiado tarde. No habrá con qué sostener los programas sociales que hoy dependen de los dividendos de Ecopetrol, ni cómo sostener el músculo financiero del Estado.

La compañía más sólida del país, que le entrega al Estado cerca del 20% de sus rentas, está siendo sometida a un debilitamiento interno disfrazado de transición energética. En lugar de prepararla para competir en el nuevo mundo energético, la están desmantelando pieza por pieza. Primero la descapitalizan, luego la politizan y ahora la empujan a vender sus activos más valiosos. Eso no es transición: es suicidio empresarial por un capricho ideológico.

Ecopetrol debe diversificar, no renunciar. Apostarle a las energías limpias sin abandonar el petróleo y el gas, porque ambos seguirán siendo parte esencial de la matriz energética durante las próximas décadas. Ni Estados Unidos ni Noruega han renunciado a su industria de hidrocarburos. En Colombia, algunos creen que destruir el presente garantiza un mejor futuro, cuando en realidad destruye también las oportunidades del mañana.

La venta del fracking es una forma de lavarse la cara ante una base política que exige coherencia ideológica. Un gesto simbólico para complacer a quienes confunden transición con pobreza energética. Y al final, los que pagarán los platos rotos serán los colombianos: menos ingresos, menos empleo, menos soberanía.

Ecopetrol no puede seguir siendo rehén de un gobierno que confunde las empresas del Estado con el Pacto Histórico. La transición energética no se hace vendiendo activos, sino planificando el futuro con sensatez, tecnología, visión y respeto por el patrimonio público.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día