Pobre Bucaramanga. Mientras sus calles siguen reclamando atención en movilidad, seguridad y servicios públicos o infraestructura que envejece, hay políticos que juegan al ajedrez con sus instituciones como si fuera un tablero de parqués. El último episodio lo demuestra: la candidatura de Cristian Portilla había sido inscrita bajo una coalición, luego renunció, apareció Arturo Zambrano impulsado por Jaime Andrés Beltrán, y finalmente, tras una cadena de enredos, todo volvió al punto de partida. Portilla revivió políticamente, no por mérito propio, sino por el caos ajeno.
¿El gran damnificado? La ciudad. No los partidos, no los candidatos que cambian de plan a medianoche. Mientras vemos estos movimientos, la administración pública y el bienestar ciudadano quedan en segundo plano. Lo que hay detrás de todo esto es una señal preocupante de que el poder se volvió un juego de cálculo y no de convicción.
Bucaramanga no puede seguir siendo escenario de improvisaciones. Hasta las doce de la noche se definía quién se inscribía y quién no, mientras la ciudad sigue esperando buses que funcionen, que al menos alguien se apiade de Metrolínea (para mí la sinvergüencería más grande de la ciudad en décadas) vías sin huecos y decisiones que no dependan de avales partidistas. Y mientras tanto, los ciudadanos, resignados, mirando entre quienes se puede decidir un gobierno de dos años.

No es solo un asunto de nombres o partidos sino la demostración de que el escenario electoral se ha convertido en espectáculo, un teatro donde lo público es lo menos importante. La pregunta es: ¿quién vela por Bucaramanga sin usarla como trampolín político y que se ponga la camiseta para solucionar, por ejemplo, un tema serio y reiterado de seguridad?
Una administración desestabilizada por líos partidistas no puede sostener un proyecto serio. Y eso nos afecta a todos. Es importante que lo estrategas jueguen a ser servidores y no estrategas para así evitar desencantos y apatías entre los ciudadanos. Los barrios siguen olvidados y los proyectos de ciudad mas importantes no se ven con buen futuro por la improvisación general de algunos servidores.
Bucaramanga, realmente, merece algo más. No puede seguir atrapada en las pugnas de unos pocos. La ciudad necesita líderes que lleguen a gobernar y no a sobrevivir entre avales, coaliciones y renuncias. Allí siguen los mismos problemas y solo tenemos algo más de un mes para definir el próximo mandatario que, finalmente, ponga en marcha un escenario favorable para nosotros los ciudadanos.
Debo decirlo sin rodeos: pobre Bucaramanga y sus ciudadanos que siempre pagan el precio de los juegos políticos, alianzas, avales frustrados y nuevas o añejadas candidaturas.










