Maryland, jueves 27 de noviembre, día de Acción de Gracias y contando 35 años de vida. Con su mezcla de bahías, bosques y antiguos puertos coloniales me descubro en una espera que lo envuelve todo mágicamente. En cualquier momento nacerá la hija que esperamos mi pareja y yo.
Siento cómo se agolpan las emociones; paso del vértigo a una extraña calma, del temblor de los nervios a una gratitud inmensa, del amor que se ensancha a una especie de asombro continuo, como si cada rincón del día respirara conmigo esta anticipación luminosa.
Cuando puedo, suelo caminar por los bosques y suburbios entre el frío soleado del otoño y la vibración de este estado fronterizo —culturalmente hablando— entre Norte y Sur, apreciando esa línea histórica cargada de tensiones, resistencias, mestizajes, prosperidad y transformaciones que todavía marcan el ritmo político y humano.
Maryland, jueves 27 de noviembre, día de Acción de Gracias. Por aquel lugar caminaba el torturado Poe, por aquel otro, el sátiro virtuoso Zappa. El cielo, recientemente, ha sido surcado por las últimas aves que vienen desde el Canadá en su viaje hacia lugares más cálidos. Pasaron los ánades azules y el pato negro, los gansos y los halcones. Como en un desfile real, por un lado volaron las «reinitas coronadas» (Setophaga coronata) y por el otro los «reyezuelos sátrapas» (Regulus satrapa).
Mientras tanto, me pregunto qué le puede enseñar a un hijo o hija aquel que, como yo, lo ignora casi todo. Y me respondo que, tal vez, los aprendizajes primarios se transmiten antes que con palabras, con gestos, con señales, mostrando, educando la mirada no solo para ver, sino para querer ver; cultivando y amasando el corazón no solo para amar sino también para querer amar.
Enseñar a leer en el mundo de la vida antes que en el de los libros, como lo prescriben las buenas filosofías; abrir un espacio donde el aprendizaje no se agote en la memoria y la repetición de conceptos recogidos por otros, sino que se encarne en una experiencia más directa. Conquistar por nosotros mismos el significado de las palabras que más tarde querremos pronunciar.
Maryland, jueves 27 de noviembre, día de Acción de Gracias. Un día saldré a ver contigo la forma de los árboles, la disposición de la luz sobre las superficies, las aves, las estrellas, el carácter de las personas, de los ríos, de las ciudades, de las montañas, de los mares. Y contaremos historias, y cantaremos canciones, y guardaremos silencio.
Delante de nosotros estarán la inteligencia de las flores y la de los insectos, tan sorprendentes como la nuestra, junto con los mitos antiguos que le han dado forma al mundo. Los olores, los sabores, los sonidos, contemplándolo todo sin prisa, con admiración. «Porque ver, escuchar, tocar, son milagros», como decía Whitman.
Maryland, jueves 27 de noviembre, día de Acción de Gracias. Muy cerca de donde te esperamos se intuye la capital del país. Allí, en viejos hospitales improvisados, el mismo Whitman atendió como enfermero a soldados mutilados por la Guerra Civil; allí, años después, Martin Luther King Jr. alzó su voz ante cientos de miles de personas, transformando su sueño de justicia en una exigencia histórica inapelable.
En estas mismas tierras, que hace relativamente poco fueron mercados humanos y campos sembrados no por gente libre, sino por seres humanos esclavizados, se incubaron también los anhelos más decididos de justicia. Porque, en efecto, este país se ha levantado a la vez sobre el grito ahogado de los cuerpos explotados y sobre la digna obstinación de quienes no han parado un solo momento de batallar por un orden más justo.
Maryland, 27 de noviembre, día de Acción de Gracias. Todos los días, francamente, deberían serlo, aunque no con el gesto automático de los que cumplen ritos, sino con la atención despierta de quien se sabe habitante pasajero —y responsable— del mundo. Dar gracias no solo por lo extraordinario, sino por lo elemental.
Gracias por las mujeres que lucharon sin descanso para abrir grietas en los muros, convirtiéndolas en caminos de liberación y rutas de escape. Por sus victorias, mañana podrás alzar la voz, tomar la palabra pública, investigar, crear, gobernar, imaginar otros mundos posibles o hacer cualquier otra cosa que te propongas.
Todos los días dar gracias, como Borges, por el «divino / laberinto de los efectos y de las causas» y «por la diversidad de las criaturas» que forman el universo; «por toda la literatura española», que también corre por tu sangre; por «la isla de Manhattan», cuyos pálpitos colosales te dieron la bienvenida; y «por la música, esa misteriosa forma del tiempo». Gracias, también, por la familia a la que llegas. Son muchos los ríos que en ti confluyen, lo cual nunca dejará de sorprenderme.
Maryland, 27 de noviembre, día de Acción de Gracias. Contando 35 años de vida me descubro en una espera que lo envuelve todo mágicamente. En cualquier momento nacerá nuestra hija. Fruto del amor y la esperanza, y de una luz cuyo nombre —ahora que lo pienso— desconozco. Solo queda abrir los brazos. Ven cuando quieras: aquí te esperamos.











