No recuerdo con exactitud, quién colocó en mis manos la poesía de Borges; mi mente tiene bien presente que fue en el “oro de los tigres” uno de sus libros, como descubrí su enigma, su voz desgarradora en la música de cada línea; su enorme preocupación por la filosofía y la historia. Ese afán de hacerse adivino o gitano me condenó en lo personal desde, mi naciente juventud a explorar los rincones de la lectura, del diálogo con seres invisibles y desde luego con la eterna sombra de la “predestinación”.
Cuando el presidente Betancur nombra a Juan Gustavo Cobo Borda, agregado cultural en Buenos Aires, el biógrafo de Borges jamás imaginó que una calle estaba cifrada para toparse de frente, con una de las más valiosas reflexiones del pensamiento, no del poeta sino del intelectual. La predestinación no es más que lo inevitable; esa fuerza que hace realidad lo que alguien ya escribió. Estaba escrito que Cobo Borda y Borges llegarían ese día, a esa hora, en esa exacta dimensión al encuentro con dicha fuerza. El biógrafo lo reveló en una entrevista que es pública; ante el asombro de verle a su lado y casi en la locura, el poeta le tranquiliza y le enseña…. que lleva años en ese sitio esperándolo. Eso se llama predestinación. En su poema a John keast el último verso es letal “No eres hoy la ceniza. Eres la gloria”
Nos llevamos la vida, quemando cada segundo, distraídos con las superficialidades, con esta vanalidad que no es más, que la negación de la razón misma.

Hemos abandonado la lectura de la filosofía, la literatura, de su majestad la poesía, la historia. Hemos sido vencidos por la inmediatez, la tecnología, la robótica. la inteligencia artificial. Imagino a Borges sentado en una nube, destrozando con sus manos cada verso escrito, ante lo visto desde su ceguera.
Es urgente, desandar hacia lo primigenio en búsqueda de eso que nos permita alejarnos de lo inevitable. Sin duda que el escenario propicio es el aula de clase, la escuela y su magia.
Todos los caminos conducen a re-escribirnos, a re-construir un tejido social amigo del libro, de la discusión, de la tertulia, de la Biblioteca en cada comuna de la ciudad bonita. Solo así podremos vencer la teoría Borgiana de la predestinación.

“Hasta la hora del ocaso amarillo, cuántas veces habré mirado al poderoso tigre de bengala ir y venir por el predestinado camino detrás de los barrotes de hierro, sin sospechar que eran su cárcel”. (El oro de los tigres 1972.)
Nota: Señor alcalde de Bucaramanga, señora directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.










