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Domingo 21 de diciembre de 2025 - 06:56 AM

Del mismo cuero salen las correas

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Hay una verdad incómoda que solemos esquivar cuando hablamos del desarrollo de Santander. No podemos seguir esperando que las soluciones lleguen por arte de magia. La competitividad y la productividad de un territorio no se imponen desde el papel. Se construyen con trabajo, visión compartida y decisiones coherentes. Y en ese proceso, los santandereanos no podemos delegar nuestra responsabilidad.

El dicho popular es claro: del mismo cuero salen las correas. Con lo que tenemos, con nuestra gente, con nuestras empresas y con nuestra capacidad de trabajo, debemos ser capaces de enfrentar los problemas estructurales del departamento. No se trata de resignación, sino de convicción. Santander tiene talento, tradición empresarial y una cultura de esfuerzo que no puede seguir desperdiciándose por falta de liderazgo y rumbo común.

En las últimas semanas se han formalizado las campañas al Congreso de Mario Hernández al Senado y de Sergio Arenas a la Cámara de Representantes. Más allá de las banderas partidistas, vale la pena detenerse en los mensajes que ambos han reiterado desde escenarios distintos, pero complementarios. Hernández ha sido contundente al señalar el miedo que paraliza al empresariado y la necesidad de defender la productividad, el empleo y la eficiencia como pilares del desarrollo. Arenas, desde su trabajo regional, ha insistido en fortalecer la planeación, la infraestructura, los servicios públicos y la competitividad territorial como condiciones básicas para mejorar la calidad de vida.

Las coincidencias no son menores. Ambos entienden que sin empresas sólidas no hay empleo sostenible, que sin empleo no hay bienestar y que sin bienestar no hay cohesión social. Ambos reconocen que las malas decisiones públicas terminan pagando las empresas, los trabajadores y los ciudadanos. Y ambos coinciden en algo esencial: el desarrollo no se construye con discursos ideológicos, sino con gestión, técnica y coherencia.

Santander necesita avanzar en productividad. Necesita un Estado que acompañe, no que estorbe. Que entienda que cada sobrecosto, cada trámite innecesario y cada improvisación se traducen en menos inversión y menos oportunidades.

La metáfora no podría ser más precisa. Mario Hernández conoce como pocos el valor de la materia prima, la técnica y el oficio necesarios para transformar el cuero en productos útiles, resistentes y duraderos. Esa misma lógica debe guiar el desarrollo territorial. Con los recursos, el talento y la vocación productiva que tiene Santander, estamos llamados a construir un modelo de crecimiento sólido y sostenible, capaz de generar bienestar hoy y mantenerse en el tiempo.

Santander no puede seguir esperando salvadores externos. La prosperidad se construye desde adentro, con liderazgo y decisiones que pongan la productividad y la competitividad al servicio de una mejor calidad de vida. Del mismo cuero salen las correas. La pregunta es si estamos dispuestos a hacerlas bien.

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