Santander inicia un nuevo año con tareas pendientes que no pueden seguir posponiéndose si de verdad queremos un departamento más competitivo, equitativo y con futuro. No son desafíos menores ni aislados: están profundamente conectados entre sí y exigen liderazgo, visión de largo plazo y, sobre todo, decisiones valientes.
Un debate que Santander no puede seguir esquivando es el de los pilotos de yacimientos no convencionales. La conversación debe mantenerse lejos del dogma y cerca de la ciencia, del rigor técnico y del cuidado ambiental. Hoy existen pilotos con licencias otorgadas en Puerto Wilches que permanecen frenados, mientras el departamento sigue enfrentando estrechez fiscal, déficit en infraestructura y enormes necesidades sociales. ¿Tiene sentido que Santander continúe penando por recursos cuando podría financiar proyectos de agua, educación, salud y vías, bajo esquemas estrictos de vigilancia ambiental y diálogo multilateral con las comunidades? Negar siquiera la discusión es condenarnos a la parálisis.
En la misma línea de abandono está el drama de las vías y los peajes. Las comunidades, cansadas del incumplimiento del Gobierno nacional, tomaron legítimamente el control de varios peajes como acto de protesta. No se trata de una negativa a pagar, sino de una exigencia clara: que los recursos se recauden y se inviertan donde corresponde. Santander fue excluido del CONPES y, con ello, de asignaciones presupuestales claves. La gente quiere volver a cumplir, pero también quiere ver resultados tangibles y transparencia en el uso de su dinero.
La seguridad es otro frente que preocupa. Las recientes escaramuzas del ELN, con claras intenciones de intimidación, afectan la tranquilidad de los santandereanos y erosionan la confianza de los inversionistas. Sin seguridad no hay desarrollo posible, ni social ni económico. El Estado no puede ser ambiguo ni tibio frente a quienes pretenden imponer el miedo como mecanismo de control territorial.
A estos desafíos se suma uno de carácter estratégico: consolidar a Santander como el verdadero “corazón logístico de Colombia”. La ubicación del departamento es privilegiada, pero sigue subaprovechada. Potenciar las troncales y transversales que lo atraviesan, recuperar la navegabilidad del río Magdalena, fortalecer la conectividad aérea e integrarse de manera real a la Red Férrea Nacional no es un capricho, es una apuesta estructural para dinamizar los encadenamientos productivos del país.
Finalmente, este año trae una oportunidad histórica: la construcción de la visión Santander 2050. Con el liderazgo de Prosantander y la Cámara de Comercio de Bucaramanga, y el concurso de la Comisión Regional de Competitividad, la UIS y la Gobernación, se está trazando una brújula de largo plazo para que dentro de 25 años seamos un territorio más sostenible, productivo, internacional y con mayor bienestar. Sectores como la metalmecánica, la agroindustria, los hidrocarburos, la salud, el turismo y los servicios deben ser los pilares de ese futuro.












