El 24 de junio de 2025 estábamos haciendo nuestro programa en Buenos Días Bucaramanga por la Emisora Cultural Luis Carlos Galán Sarmiento en los 100.7 del FM; de repente apareció un señor vestido de manera impecable con una Filipina blanca, cabello peinado hacia atrás, gafas transparentes, reloj en su mano izquierda y una manilla negra en la otra muñeca. Tenía una argolla en su dedo anular derecho con la que abrió la puerta de la hermosa cabina de nuestra estación radial y muy sonriente, como siempre, nos saludó de beso y abrazo. Se sentó frente a mí, al lado de Ana Mercedes Ariza; nos acompañaba Omaira Márquez, otra integrante del grupo que trabaja desde el Instituto Municipal de Cultura y Turismo.
Tan pronto llegamos de una pausa porque estábamos pasando la música programada por Richard Benavidez y ‘Alex ‘Bombastic’, tomé la palabra y le hice la respectiva presentación a un personaje cuyo nombre es Jacobo Alberto Álvarez Lastra, que para cualquier oyente desprevenido puede relacionar su nombre con un pintor, un artista plástico, un cantante urbano o un jugador argentino que venía a reforzar al Atlético Bucaramanga. Luego de la respectiva descarga verbal para presentarlo con su nombre comercial, el de Don Jacobo, que a decir verdad, hasta esa mañana de junio supe su nombre de pila y eso que lo conozco hace más de tres décadas. Le dije que él y sus deliciosos postres y ponqués -incluyendo la Genovesa- hacen parte de la nomenclatura gastronómica y cultural de la ciudad; también es heredero de la panadería artesanal de los tradicionales bizcochos y amasijos, recetas heredadas de nuestras madres y abuelas.
En su agitada vida tuvo mucho que ver la influencia de doña Fanny Lastra Gómez, su mamá y el apoyo de su padre, don Jacobo Álvarez Bautista. Criado en el barrio San Francisco, decidió estudiar Derecho en la Universidad Santo Tomás y abrió su primer local en la carrera 21 con calle 22. Ese negocio se llamó Postres y ahí arrancó su historia de vida entre cremas y pasteles, códigos penales y civiles. Se marchó para Bogotá a trabajar a la Contraloría General de la Nación gracias a Rodolfo González García y decidió hacer una maestría en el Externado de Colombia. Lo entrevistó nadie más y nadie menos que Alfonso Reyes Echandía, asesinado en la toma del Palacio de Justicia. Dicha universidad entró en crisis, la justicia también; el país estaba muy revolcado y Jacobo decidió devolverse para su ciudad natal y dedicarse a su empresa. Se casó, tuvo dos hijos y a partir de ahí inició su periplo por el tobogán de los sabores dulces: los chocolates, los ponqués, los pudines, las tortas, los pasteles o como se les quiera llamar.
Las cosas marchaban maravillosamente, el viento soplaba a su favor; luego de un par de crisis, normales para cualquier empresario, llegaron las amenazas, las extorsiones y les tocó salir corriendo para Costa Rica cuando el siglo XXI estaba despuntando. Regresó al país y siguió abriendo locales en su querida ciudad y en otras partes de nuestra patria. Perfeccionó la deliciosa Genovesa y le dio empleo a más de 1.000 personas. Ese 24 de junio no lo olvidaré porque me dijiste: “ha sido un día de encuentros bonitos, con Pipe Zarruk, amigo de la vida, con Pipe sabes que no convives pero está ahí, es un referente de esta ciudad”. Jacobo querido, te equivocaste, ¡el referente eres tú! Trabajador incansable, hombre honesto y creativo, cargado de valores inigualables. Acuérdate siempre de este proverbio hindú: “No hay árbol que el viento no haya sacudido”. Esa frase me la regaló mi esposa. Has recibido un apoyo hermoso de muchos empresarios como los de La Gloriosa, como el de Rafa Mendoza, de Zirus Pizza entre otros. Vemos en ti a una persona dulce y honrada. No prestes atención a los comentarios malintencionados; te vas a levantar de esta crisis y no te asustes ante las batallas que se vienen. Empuña tu espátula y tu batidora, no queremos dejar de comer la deliciosa Genovesa. Aquí estaremos para acompañarte, te quiero mucho, Dios te bendiga siempre.












