Este 8M, mientras se conmemoraba la lucha de las mujeres por la igualdad, Colombia dejó una señal preocupante en las urnas. Aunque la ley exige una cuota de género, los resultados en la Cámara de Representantes muestran que esa promesa sigue lejos de cumplirse. Hoy no hay paridad real, sino una cuota mínima: 30% de cada género en listas de 5 o más curules y, desde 2026, al menos 1 mujer en listas de menos de 5 curules. En el papel es un avance. En la práctica, no basta.
Con el 98 % de las mesas escrutadas y 165 de 181 escaños analizados para la Cámara, las mujeres ocupan solo el 27,9 %. La cifra es baja, aunque algunas circunscripciones sí alcanzaron la paridad: Amazonas, Bogotá, Bolívar, Casanare, Chocó, San Andrés y Vaupés. Huila fue más lejos: 3 de las 4 curules quedaron en manos de mujeres (75%). También hubo casos cercanos, como Magdalena, Nariño y Norte de Santander (40%).
Pero el dato más preocupante está en Santander, donde solo una mujer obtuvo curul. Esto es preocupante porque no es un departamento menor en la representación nacional, ya que tiene 7 curules y se encuentra entre las circunscripciones de mayor peso.
Y no fue porque no hubiera mujeres compitiendo. En Santander se presentaron 75 candidaturas, de las cuales 32 correspondían a mujeres (42,67%). De las 12 listas en contienda, dos fueron inscritas con voto no preferente. Sin embargo, en ambas, los hombres encabezaron la lista. Como en el voto no preferente las curules se asignan según el orden de la lista, esa ubicación importa desde el comienzo.
En las listas con voto preferente, la situación tampoco mejoró. Todas cumplieron con el mínimo legal de paridad (30%), pero las mujeres fueron relegadas, en general, al segundo o tercer lugar. Solo dos listas las pusieron en el primer renglón, y eso marcó la diferencia: donde no encabezaron, ninguna superó el 1% de la votación; donde sí lo hicieron, rebasaron el 3%. Y aunque no les alcanzó para ganar una curul, sí dejó una señal clara: el orden en la lista importa y afecta sus posibilidades reales de elección.
Santander deja una lección clara: cumplir la cuota no basta. Si las mujeres no encabezan las listas o compiten en condiciones desiguales, la representación real no cambia. La experiencia de esta elección muestra que no solo importa cuántas mujeres aparecen en la oferta electoral, sino también dónde aparecen y qué tan competitiva es esa ubicación.
Por: Giovanna Rodríguez-García












