La industria de defensa es fundamental en todo el mundo, tanto por sus implicaciones estratégicas como por sus impactos económicos y tecnológicos para la sociedad.
En mi columna anterior recordaba cómo, durante el gobierno Santos, Colombia —en una especie de síndrome del Mundial del 86— declinó su participación en la construcción del avión de transporte militar KC-390, aeronave que hoy pretende comprar a Brasil. Ojalá esta negociación incluya un convenio offset de transferencia tecnológica entre Embraer y la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana (CIAC), para que esta empresa de la Fuerza Aérea fortalezca sus capacidades, de modo similar a Cotecmar, la compañía de la Armada y líder del sector defensa, gracias a éxitos como la reciente construcción del patrullero oceánico ARC “24 de Julio”.
Pero, a propósito de buenas noticias para la industria de defensa en nuestra región —justamente cuando Estados Unidos abre otra época de intervenciones con la nueva estrategia de seguridad de Trump—, y en línea con el título de esta columna, la semana pasada el presidente Lula presentó el F-39E Gripen, el primer caza supersónico fabricado en Brasil. No se trata solo de una demostración de soberanía y poder disuasorio del gigante suramericano, que se consolida como el principal polo militar y tecnológico de la región, sino de un gran avance de la industria aeroespacial suramericana.
A este respecto, el contraste no podría ser más evidente con Argentina, que, a diferencia de Brasil, hoy carece por completo de un proyecto nacional. Mientras los brasileños lanzan su primer avión de combate supersónico como resultado directo del megacontrato F-X2, firmado en 2014 por el gobierno de Dilma Rousseff con la empresa sueca Saab —que condicionaba la adquisición de 36 aeronaves a una transferencia tecnológica total para garantizar la soberanía productiva del país—, en Argentina Milei terminó desechando la oferta de los eficientes cazas chinos JF-17 Thunder Block II, que también incluía transferencia tecnológica, y, en una evidencia más de su rabiosa sumisión a Trump, optó por comprar 24 F-16 usados para reemplazar sus viejos aviones Mirage.
Esta no es la Argentina de Maradona, sino la de Milei, y por eso está perdiendo el partido frente a Brasil en términos de soberanía, poder nacional y desarrollo tecnológico. Así, mientras Argentina desarma su futuro, Brasil lo construye.












