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Viernes 24 de abril de 2026 - 01:00 AM

No merecemos más de lo mismo

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No cabe la menor duda que el país hará frente a la elección del Presidente de la República más trascendental de la historia, pues se trata de escoger entre el modelo socialista del Pacto Histórico o volver al cauce de nuestra democracia a la que estábamos acostumbrados.

El gobierno actual ha mostrado, hasta la saciedad, cómo es el manejo de un país bajo el esquema de lo que se llama “la democracia siglo XXI”.

Es incuestionable la absoluta erosión de la confianza del sector privado a través del chantaje político, como cuando el presidente amenaza que si el Banco de la República sube las tasas de interés él incrementará el salario mínimo cuyo incremento tomó por sorpresa al sector productivo nacional que no estaba preparado para ese aumento desmedido.

El gobierno, tratando de concentrar el poder ataca las instituciones como el Congreso y las Altas Cortes cuando ellos no aceptan sus propuestas, o se va lanza en ristre contra parlamentarios y magistrados a quienes descalifica de manera absolutamente desmedida.

Aterrémonos, el candidato Cepeda ha dicho que si es elegido acabará con el Consejo de Estado, que es el ente encargado de vigilar las actuaciones de los funcionarios oficiales en la medida en que éstos violen la Constitución o las leyes.

La politización de las instituciones técnicas del Estado, cuyo nombramiento termina haciéndose más por razones ideológicas que con un criterio administrativo, como fue el intento de nombrar de Superintendente de Salud a un personaje altamente cuestionado por temas de corrupción.

El exceso de gastos ha llevado a un endeudamiento del país desafortunado, cancelando las más altas tasas de interés que haya pagado el Estado, solo para mantener los gastos burocráticos como es el caso del Ministerio de la Igualdad que no ha servido para nada.

El famoso proceso de paz total, cuyo único efecto ha sido el fortalecimiento de los grupos delincuenciales que terminaron convirtiendo a Colombia en una auténtica narcodemocracia en donde la realidad ha vuelto a ser como la que existió antes del año 2010.

Podríamos continuar hablando de tantas cosas como las mentiras que nos obligan a oír todos los días, las estupideces que se dicen, que de verdad producen vergüenza ajena o el incremento de la corrupción que impera en muchas instituciones.

La solución democrática es salir a votar masivamente y ejercer, como lo hizo Venezuela, una vigilancia absoluta de las actas electorales, pues además pesa en el ambiente la sensación de que el aparato estatal utilizará todos los mecanismos a su alcance para lograr su objetivo, que terminará definitivamente erosionando las bases de la libertad y la prosperidad económica. ¿Será que mereceremos más de lo mismo?

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