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Domingo 03 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Invertir en deporte es invertir en el futuro

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En Colombia, hablar de juventud muchas veces se queda en discurso. Se repiten promesas y se anuncian nuevos programas, pocas veces se consolidan apuestas capaces de transformar vidas. Por eso, cuando desde lo publico surgen iniciativas concretas, medibles y bien articuladas, no solo deben reconocerse, deben replicarse.

Un caso reciente en Santander en alianza entre las Unidades Tecnológicas de Santander (UTS) y Delfines FC, la cual plantea un modelo que mezcla deporte de alto rendimiento con educación garantizada. Delfines Fc, además, cuenta con la participación de reconocidos futbolistas profesionales, capitanes y asistentes técnicos de equipos de renombre en el país, lo que aporta solidez al proceso formativo.

A los jóvenes vinculados al proceso deportivo, cuando terminen su etapa escolar podrán acceder a educación superior con matricula gratuita o formarse en programas técnicos, tecnológicos o profesionales a través de las UTS, además en el proceso tendrán a disposición todos los laboratorios del nuevo edificio Centro de Alto Rendimiento para la realización de análisis deportivos, así como la formación técnica y el conocimiento para ser competitivos. No se trata de elegir entre estudiar o competir, sino de avanzar en ambos caminos.

Es por esto que el valor de esta iniciativa es grande, el deporte bien gestionado es una herramienta de salud, prevención e integración social. Mantiene a los jóvenes activos, fortalece hábitos, disciplina el carácter y reduce probabilidad de caer en dinámicas asociadas al consumo de drogas o violencia.

Sin embargo, experiencias como estas siguen siendo excepcionales. ¿Por qué no hacer de de estas iniciativas la regla?, la respuesta es sencilla, baja inversión y falta de voluntad política. Es por esto que las alianzas publico privadas adquieren gran relevancia. El estado lidera pero necesita articularse con el sector educativo y los actores deportivos para construir ecosistemas sostenibles. Cuando esta articulación ocurre como es el caso entre las UTS y Delfines FC el resultado es claro: se pasa del discurso a oportunidades reales. Hoy Santander tiene un modelo en marcha que apuesta por formar futbolistas pero también ciudadanos con herramientas par la vida.

Ahí es donde las alianzas público-privadas adquieren un papel estratégico. El Estado no puede ni debe hacerlo todo solo, pero sí tiene la responsabilidad de liderar, coordinar y facilitar. Cuando se suman instituciones educativas, clubes deportivos y sector público, el resultado puede ser un ecosistema que potencie talento y al mismo tiempo, garantice oportunidades.

Lo que hoy ocurre con las UTS y Delfines FC debería replicarse, adaptarse y escalarse. No como un experimento aislado, sino como política pública. Porque cada joven que encuentra en el deporte una oportunidad es un ciudadano menos expuesto a la exclusión y un potencial agente de cambio.

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