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Columnistas
Sábado 20 de junio de 2026 - 01:00 AM

Resistencia y voto

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Desde hace décadas somos rehenes de elecciones asfixiadas por el contexto: grupos armados, mafias electorales, corrupción, clientelismo. Ahora también están las falacias de las redes sociales con sus bodegas, los bulos, etc., y, lo peor, el intrínseco poder manipulador del algoritmo y su desfiguración en espejo de la realidad: no solo nos convence de que nuestro enfoque es el de todos, además profundiza el individualismo de creer que todo opositor es enemigo; y que al ‘enemigo’ ni se lo lee, ni se lo entiende, solo se le extermina.

Por eso, el mayor acto de rebeldía y resistencia es el voto reflexivo de cada quien -libre y secreto-. Sin las masas haciendo ruido en la cabeza, ni el “voto útil” conspirando contra nuestros valores. Resistir es votar como se nos dé la gana, pero responsablemente. Frente al tarjetón hay que desprenderse de las presiones sociales o familiares; obrar con libertad, solo impulsados por la conciencia. Hay tres opciones: Cepeda, De la Espriella y en blanco. Sí, también en blanco, porque ahí está la casilla. No es ilegalidad ni estupidez marcar cualquiera de las tres.

Están también los autosabotajes al voto libre, son los “sesgos cognitivos” (trampas del pensamiento), tropiezos internos en la reflexión que explicó Aaron Beck (1921). Para votar hay que arriesgarse a conocerse a sí mismo, examinarse; un ejercicio individual, sí, pero inspirado en el ‘bien común’ (el bien de pocos es pasajero, es una bomba de tiempo: ¿qué les deparará el destino a sus hijos y nietos?).

Si vota por uno, solo porque cree que el otro está mintiendo, pregúntese qué le hace pensar que el suyo no miente; para elegir toca partir de lo que proponen y escoger; la mentira no puede controlarla el votante, a priori. Y si vota por uno, solo por miedo u odio al otro, está en la trampa cognitiva de la sobregeneralización y del filtro negativo, porque seguramente no conoce nada de su candidato ni del otro, simplemente se fanatizó, solo ve lo malo en el oponente y lo bueno en el suyo, es culto a la personalidad y ligereza en el análisis.

Si vota por alguien para imitar una manada, para pertenecer o ser aceptado por un grupo, usted es un esnob, puede repararse. Si vota para que sean excluidos o aniquilados otros ciudadanos, es porque no está entendiendo el concepto de Nación y cae en la trampa de creer que el presidente es un guerrero en lugar de un ‘servidor’ público al ‘servicio’ de todos y para todos. Votar con propuestas y realidades en mano, objetividad en la urna y sin argumentos emocionales ni apocalipsis infundados, eso es resistir. A votar, libremente.

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