Hablar del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) suele parecer una conversación reservada para urbanistas, abogados o funcionarios públicos. Sin embargo, pocas decisiones tienen tanto impacto en el presente y el futuro de una ciudad como esta.
Desde que el Tribunal Administrativo declaró la nulidad del POT por un error de procedimiento en su trámite, Barrancabermeja quedó nuevamente a la espera de una herramienta fundamental para orientar su crecimiento. Desde entonces, se ha hablado de revisiones, ajustes técnicos y de la formulación de un nuevo documento. Sin duda, es un proceso complejo que exige rigor técnico, participación ciudadana y cumplimiento de la normatividad. Pero también es cierto que el tiempo pasa y la ciudad no puede permitirse prolongar esta espera.
El POT es la hoja de ruta que define cómo crecerá Barrancabermeja durante los próximos años. Es el instrumento que brinda seguridad jurídica a quienes desean invertir, orienta el desarrollo urbano, protege las áreas de especial importancia ambiental y permite planificar, de manera ordenada, la infraestructura y los servicios que demanda una ciudad en crecimiento.
Hoy, en Barrancabermeja, hablamos de nuevas inversiones, del fortalecimiento de la logística multimodal, del desarrollo empresarial, de la diversificación económica y de proyectos que pueden transformar el territorio. Pero para aprovechar ese momento necesitamos reglas claras y una visión compartida del futuro. El desarrollo no puede depender únicamente de la voluntad de quienes quieren apostarle a la ciudad; también requiere instituciones que generen confianza y herramientas de planificación que acompañen ese crecimiento.
Es cierto que Barrancabermeja ha seguido avanzando. Sin embargo, avanzar no siempre significa desarrollarse. Sin un POT actualizado corremos el riesgo de crecer de manera desordenada, aumentar la informalidad y dificultar la gestión de recursos para nuevas vías, parques, colegios, hospitales y redes de servicios públicos.
Las ciudades se transforman cuando deciden hacia dónde quieren crecer. Y esa decisión no puede depender únicamente de un gobierno o de una administración; debe convertirse en un propósito compartido. Por eso, más que una discusión técnica o jurídica, el POT debe ser un propósito de ciudad. Un compromiso que trascienda gobiernos y periodos administrativos y que convoque al Distrito, al Concejo, al sector empresarial, a la academia y a la ciudadanía alrededor de una visión común de desarrollo.
Hoy tenemos una oportunidad para hacerlo. Santander acaba de construir su Visión 2050 y el país inicia un nuevo ciclo de gobierno. Es el momento de alinear esas apuestas con una hoja de ruta que permita planificar el territorio que queremos construir. El tiempo del POT no debería medirse en administraciones, sino en oportunidades. Y cada oportunidad que se aplaza es una oportunidad que Barrancabermeja deja pasar.












