En las tragedias griegas, el concepto de hybris expresa la desmesura que lleva a los humanos a sobrepasar los límites de la ‘justa medida’. La hybris nace del exceso de confianza e inevitablemente es el antecedente de la llegada de la Némesis, la fuerza encargada de devolver al terreno de la realidad a quienes desafían sus límites.
Aplicando estas figuras clásicas al cuatrienio de Petro, la hybris se empezó a sentir en campaña cuando afirmó que acabaría con el ELN en tres meses, que condonaría los créditos del Icetex, que combatiría la corrupción, que haría un tren elevado eléctrico e interoceánico, etc. Instalado en el poder, la hybris continuó al autodenominarse el ‘gobierno del cambio’ y apelar al calificativo de ‘histórico’ para cada acto de gobierno.
Pasada la borrachera por la hybris, el tiempo ha sido el mejor juez de la retórica. Las desmedidas ilusiones que acompañaron los discursos de Petro chocaron con la incoherencia de su gobierno y con su incapacidad para ejecutar. Incoherencia que se expuso en varias ocasiones, como cuando criticó a Trump por su complicidad en el genocidio de Palestina mientras buscaba el visto bueno de EE. UU. para sus políticas. La incapacidad para conformar equipos y ejecutar tareas es un hecho notorio eximido de prueba.
Como no podría ser de otra manera, en lugar de una ruptura, con el gobierno de Petro hubo un fortalecimiento del estatus neocolonial del país. La deuda pública, instrumento por excelencia de este tipo de dominación porque socava el ahorro nacional e impone una subordinación política, aumentó de $800 a casi $1200 billones de pesos. Colombia pasó de ser autosuficiente en gas a importar el 33% de lo que se consume. En cuanto a la seguridad nacional, se mantuvo la subordinación a la cooperación militar norteamericana mientras se permitió el crecimiento de los grupos armados ilegales. Todo esto y mucho más, bajo la sombrilla de la corrupción y el desgobierno.
La Némesis que hoy cobra factura, en forma del gobierno de De La Espriella, no es otra que la fuerza de la relación de dependencia tóxica que Colombia tiene con Estados Unidos, la cual, lejos de modificarse durante el gobierno de Petro, se reforzó con nuevas formas de injerencia como la cooptación de movimientos sociales que pasaron de enfrentar la política imperialista a ser impulsores de las mismas.
Los estragos causados por el gobierno de Petro dejan el terreno abonado para que el gobierno de De La Espriella profundice las medidas en contra de la ciudadanía, como las reformas tributarias regresivas y el alza en los precios de los combustibles.
El llamado es oponerse a esta nueva era de profundización neocolonial y a construir una Colombia verdaderamente soberana.











