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Sábado 01 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Opinión y raquetas de tenis

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Ser columnista tiene sus privilegios. El más evidente es el de opinar libremente sobre cualquier tema, sin necesidad de rendirle cuentas a nadie más que a nuestra propia conciencia. Ese derecho es sagrado y no lo discuto. Pero con ese privilegio viene una responsabilidad que no siempre se honra y es la de tener un mínimo de correspondencia con la realidad.

Esta semana un colega columnista usó este espacio para intentar rehabilitar la imagen de uno de los protagonistas del escándalo de las raquetas del Indersantander, un caso que la Procuraduría ya investigó y sancionó. Es su derecho opinar lo que considere y entiendo que pueda tener intereses. Lo que no es aceptable es hacerlo apoyándose en afirmaciones que no resisten el más elemental contraste con la realidad, como decir que una raqueta de tenis puede costar doce millones de pesos. Una inexactitud de ese tamaño no es un detalle menor cuando se usa como argumento para limpiarle la imagen a alguien que fue sancionado por comprar implementos deportivos a precios que no tenían ninguna justificación.

En lo que a mí respecta, y sin ser ajeno a este deporte, hice la tarea. La raqueta deportiva más cara del mercado no llega a los 600 dólares. Las que usan Alcaraz o Sinner en los grandes torneos del mundo rondan entre 700 y 800 dólares, hechas a la medida de los mejores del mundo. Hay una excepción: Prada lanzó una raqueta cercana a los 1.700 euros, pero es un accesorio de moda que ningún tenista serio llevaría a una cancha. De modo que, si alguien encuentra una raqueta deportiva de doce millones de pesos, que avise. Sería el hallazgo del siglo, y los deportistas del Indersantander merecían al menos saberlo.

Pero más allá de ese dato puntual, lo que me preocupa es algo más de fondo. Los columnistas tenemos audiencias que nos leen y nos creen. Esa confianza obliga no a ser perfectos ni infalibles, sino a contrastar antes de afirmar y a tener el valor de reconocer cuando un argumento no se sostiene.

Entiendo que Pedro Belén Carrillo tiene todo el derecho de impugnar la sanción disciplinaria y agotar los recursos que la ley le otorga. Eso es legítimo y nadie puede negárselo. Pero una cosa es defender el debido proceso y otra muy distinta es construir una defensa periodística sobre premisas falsas. Afirmar que una raqueta de tenis puede costar doce millones de pesos no es un error de buena fe, sino una absoluta desfachatez que el lector tiene todo el derecho de cuestionar.

Lo que pasó en el Indersantander no es un rumor de pasillo ni una persecución política contra nadie. Es un caso que tiene nombre, expediente, investigación y una decisión disciplinaria tomada por la autoridad competente. Cada quien saque sus propias conclusiones.

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