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Miércoles 26 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Fracking: ¿estamos preparados?

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El fracking vuelve a estar en la conversación nacional. Con los primeros días del nuevo Gobierno empiezan a conocerse sus apuestas en materia energética y, entre ellas, aparece nuevamente una discusión que ha generado posiciones encontradas: la posibilidad de avanzar en la exploración y explotación de yacimientos no convencionales.

Adicional, esta semana la USO expresó su respaldo a esta apuesta energética durante una reunión con el presidente, en la que también se hablaron de nuevos contratos de exploración y producción, fortalecimiento de Ecopetrol y nuevas tecnologías para el sector. Este momento nos plantea la oportunidad de volver a discutir el tema con menos ideología y más evidencia.

En otras columnas me he referido a esta discusión y he manifestado que una decisión de esta magnitud no puede construirse sobre mitos, temores o posiciones previamente definidas. Pero tampoco puede hacerse desconociendo las preocupaciones ambientales y sociales que existen alrededor de esta práctica. La discusión debe darse con rigor técnico, científico, ambiental y social.

Pero también como región debemos ser capaces de respondernos: ¿qué podríamos construir alrededor de una eventual activación de esta actividad? Porque, más allá de que se reactive la industria, es ¿qué es lo que necesitamos y debemos hacer con los recursos y oportunidades que se generen?

Cómo generar empleo de calidad. Cómo atraer nuevas inversiones. Cómo desarrollar capacidades técnicas. Cómo lograr que esto se traduzca en desarrollo y oportunidades para las comunidades de la región. Cómo potenciar otros sectores económicos. En eso, debemos estar ya trabajando. Y, por supuesto, cómo garantizar que todo esto ocurra con responsabilidad ambiental y social.

No podemos esperar a que las decisiones estén tomadas para después preguntarnos qué quedó para nuestra región. Tenemos que participar desde ahora. Eso significa asistir a encuentros, eventos y talleres, hacer preguntas, proponer y, sobre todo, levantar la mano.

Si Colombia abre nuevamente la puerta a la exploración de yacimientos no convencionales, debemos estar en la conversación para exigir los más altos estándares ambientales, pero también para plantear qué oportunidades queremos que se queden en nuestro territorio.

El fracking puede generar opiniones distintas, y está bien que así sea. Necesitamos estar dispuestos a escuchar la evidencia, reconocer los riesgos, exigir controles y, sobre todo, participar activamente en las decisiones que pueden marcar el futuro de nuestra región.

Por eso, más allá de estar a favor o en contra del fracking, la verdadera pregunta debería ser: si esta conversación ya comenzó y coge cada vez más fuerza, ¿estaremos preparados para que no seamos simplemente la región donde se extraen los recursos, sino una de las regiones que más se beneficia de las oportunidades que puedan generarse?

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