Publicidad

Columnistas
Miércoles 26 de agosto de 2026 - 01:00 AM

La fiesta y el caos

Compartir

Todos en algún momento hemos afirmado que no somos algo. Nos hemos sentido astutos, completos, coherentes y sobre todo muy racionales cuando aseguramos que no pertenecemos a algo que identifique a nuestra especie; algunos nos hemos llamado apolíticos, ateos, asexuales, asociales. Otros respondieron en su tiempo “no veo televisión”, como una manera de esclarecer su contraste frente a asuntos de interés común. Todos en algún momento llevamos las banderas de la indiferencia y la apatía con honor, cuando el hastío social parecía habernos ganado la carrera.

La aspiración a apartarnos de las practicas sociales suele convertirse en error cuando se concibe de manera prematura. Un rasgo común en la adolescencia es creer que para ser diferentes debemos dejar de hacer lo que los demás hacen. Y esto no es algo automático: hay prácticas sociales que nos impulsan a “abandonar el rebaño” porque no entendemos cómo es que esas mismas personas que solemos ver allí, en otro momento se refieran a otros aspectos de una manera totalmente opuesta. Creo que el ejemplo más claro de esto es cuando, a algunos, nos deja de gustar ir a la iglesia…

El problema de ‘apartarse de la sociedad’ está en que esta aspiración carece de validez si consideramos que en medio de nuestra gesta seguimos siendo parte de algo y que ese algo, así lo descartemos, sigue siendo parte de nosotros. Los seres humanos no conocemos otra forma de vida que no sea viviendo en sociedad. El problema más grande aparece cuando no aprendemos a estimar esas prácticas que muchos comparten a diario y que requieren algo más que nuestro gusto o aprobación: un poco de respeto.

Descartar lo que no nos genera interés o identidad, parece una movida muy personal. Pero si sumamos desintereses, el asunto toma otra dimensión. Y es precisamente en las calles de nuestra ciudad donde la pérdida de importancia por el lugar y el espacio del otro parecen encontrarse. Bucaramanga se acostumbró al caos como práctica social que se perfecciona en el tiempo sin que demande el mayor esfuerzo. Ni sus gobernantes, ni sus ciudadanos, ni sus habitantes parecen considerar su situación como un problema, sino más bien como un hábito diario.

Pero no todo es caos, también está la fiesta. Y aunque muchos también renunciaron a ella, terminan encontrándosela por los lados. Finaliza el mes de agosto y Bucaramanga se llena de eventos que devuelven y fabrican su sentido de comunidad, para compartir y caber en un mismo espacio. Llega Ulibro a Neomundo y nuevamente nos entrega la oportunidad de respirar una ciudad diferente. Después, La feria bonita y con ella la fiesta se vuelve oficial. En medio del caos hay que disfrutar.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día