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Columnistas
Domingo 30 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Construyendo la agenda

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Santander tiene agua, conocimiento, instituciones y proyectos. Sin embargo, durante años hemos tenido enormes dificultades para convertir esas capacidades en una visión compartida. Las brechas son distintas en cada provincia; existen problemas de abastecimiento y conservación, brechas en infraestructura de potabilización y tratamiento, y una pobre capacidad institucional. A esa diversidad de problemas se suma uno particularmente complejo: la desarticulación entre los actores responsables de resolverlos.

Fue precisamente frente a esa realidad que ProSantander me invitó a diseñar y liderar una estrategia que permitiera sentar alrededor de una misma mesa a quienes tienen responsabilidades, conocimiento y capacidades en materia de agua. El propósito que definimos fue ambicioso, pero concreto: promover la articulación necesaria para avanzar hacia la seguridad hídrica y el desarrollo sostenible de Santander. Así nació la Agenda Estratégica del Agua.

Desde el comienzo entendimos que no podía construirse desde un escritorio. Había que recorrer el territorio, escuchar a sus habitantes y reconocer que las necesidades de la provincia Metropolitana no necesariamente son las mismas que en las demás. También era necesario reunir a la Gobernación, alcaldías, autoridades ambientales, empresas de servicios públicos, sector privado, gremios, academia y sociedad civil. Cada uno conoce una parte del problema y dispone de una parte de la solución. La Agenda debía permitirnos identificar proyectos estratégicos, establecer prioridades y reconocer qué actores tienen las competencias y capacidades necesarias para convertir esas soluciones en realidad.

Esta distinción es fundamental. La Agenda no pretende reemplazar a ninguna institución ni asumir competencias que corresponden a las autoridades, los municipios o los prestadores. Su propósito es precisamente el contrario: potenciar la institucionalidad existente, conectar capacidades que hoy funcionan de manera dispersa y construir condiciones para que los diferentes actores puedan producir mejores resultados trabajando juntos.

Quizás uno de sus mayores logros ha sido crear un espacio donde podamos conversar sobre el agua desde posiciones diferentes. Proteger un ecosistema, abastecer una ciudad, producir alimentos, desarrollar una actividad económica o tratar las aguas residuales plantea intereses y necesidades que no siempre coinciden. La respuesta no puede ser silenciar esas diferencias, sino ponerlas sobre la mesa, contrastarlas con información y buscar soluciones a partir de las condiciones reales de cada territorio.

Ese ha sido uno de los principios que he querido imprimirle a este proceso desde su concepción: que prime la argumentación sobre el fanatismo y la ciencia sobre la ideología. Las decisiones sobre el agua deben construirse con información, rigor técnico, participación y conocimiento del territorio.

En el fondo, este ejercicio ha terminado confirmando una convicción que he venido desarrollando durante los últimos años. El agua no es simplemente otro sector que debemos administrar. Es un activo alrededor del cual podemos ordenar decisiones, inversiones y capacidades para desarrollar el territorio. Eso es el Desarrollo Basado en Agua, y la construcción de esta Agenda demuestra que es posible llevar ese concepto a la práctica para construir territorios más prósperos, productivos y sostenibles.

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