Tres días seguidos con tos, con sus noches, y un fuerte malestar que no se iba resultaron suficientes para tomar la decisión de acudir al médico. Ingresé a la página web de la EPS y seguí las instrucciones hasta que llegué a un muro con diferentes opciones en las cuales debía escoger la que más se pareciera a mis síntomas. Una vez lo hice, la plataforma me formuló un par de preguntas más y, por fin, apareció la posibilidad de agendar la bendita cita.
La alegría fue efímera. El plataforma me indicó que no era posible hacerlo por esa vía, debía llamar a un cero uno ocho mil, así que preferí ir hasta la IPS, aplicando la vieja máxima de que no hay peor diligencia que la que no se hace y, negativo, no pasé del guardia de seguridad quien, eso sí con toda la amabilidad, me entregó un papelito con el mismo número cero uno ocho mil y sugirió hacerlo desde el mismo lugar, “no vaya y le asignen la cita de una vez”, dijo con optimismo el hombre.
“Su llamada será atendida en cinco minutos…”, escuché como respuesta y, al cabo de ese lapso, se repitió el mismo mensaje, entonces el vigilante me ofreció su teléfono y, como no, funcionó pero, otra vez, el entusiasmo fue fugaz: mi cuadro gripal, según la persona que me habló, clasificaba para ser atendido, al día siguiente, de forma virtual.
Acepté otorgándole el beneficio de la duda, recibí las instrucciones por todos los medios posibles, me conecté quince minutos antes de la hora programada y ¿adivinen?… ¡no funcionó! El médico decidió llamarme por el celular y, en menos de cinco minutos, hizo tres preguntas, me despachó un par de medicamentos y aquí voy…
Pareciera una simpleza, pero no lo es. El sistema de salud en Colombia está plagado de barreras de acceso que ponen distancia entre el paciente y el profesional, haciendo ver lo perfecto enemigo de lo bueno. Está bien que la tecnología sea ahora una herramienta que ‘facilite’ la penosa tramitología que, veinte años atrás, iba y venía entre firmas de autorización, vencimientos y demás, pero una aplicación no puede determinar, jamás, lo que los galenos llaman la auscultación del enfermo.
Perdimos cuatro años buscando la fórmula que permitiera sacar de la crisis a un sector que, en cabeza de los políticos, no avanzó un solo centímetro, mientras que el grueso de la población poco o nada entiende de una pugna irracional entre unos pocos, lo que busca es la debida atención de gente cuidando gente, como el famoso lema de otrora EPS ahora intervenida, y no la de médicos sin rostro que terminan haciendo lo que pueden.












