Es necesario que en el ICBF se hable de niños y de niñas, porque son problemas distintos y específicos —dijo el profesor Bernardino—. Un abuso sexual de un niño es diferente del de una niña, así como el desarrollo de sus sexualidades, y mil cosas más. Pero fíjense, por ejemplo, en dos asuntos. Uno: lo que en este momento manda la parada es la educación mixta; no sé si ustedes conocieron colegios solo de hombres y solo de mujeres: había una separación tajante de hombres y mujeres, y eso lo han criticado muchísimo. Entonces, para unas cosas es importante tratar problemas específicos y diferenciar el género; para otras, es importante que se encuentren y que interactúen los sujetos de distintos géneros. Otra cosa es el asunto de lo abstracto y lo concreto. Una señora puso, y está muy claro: «Yo soy madre de una niña; no soy madre de la niñez, no soy madre del género humano, sino de una niña». Perfecto. Pero al mismo tiempo el asunto de la niñez es importante en abstracto, porque la ciudadanía es en abstracto. Por encima de las particularidades de los sujetos, hay que pensar en lo abstracto: hay que demandar tratamiento, inclusión y reconocimiento de las particularidades de los sujetos; pero cuando se van a plantear derechos, cuando se va a hablar de problemas con aspectos de universalidad, por ejemplo, la vida, la libertad y la dignidad humana, debe hablarse en abstracto.
Entonces, una cosa es lo abstracto y otra cosa lo completamente concreto y particular. Y el otro aspecto es que en las distintas etapas de la vida es diferente el tratamiento de los géneros. Por ejemplo, uno no dice “la adulta mayor” y “el adulto mayor”; normalmente se dice “los adultos mayores”. Entonces, en unas etapas es fundamental; en otras etapas, no.
Y también se da para unas discusiones que yo creo que no llevan a ninguna parte; por ejemplo, cuando se habla de “literatura femenina”: la literatura tiene que ser literatura; puede haber aspectos considerables como femenino, o regional, o de adultos, o de jóvenes, pero la literatura es la literatura.

—O cuando se habla de baños, por ejemplo —concluyó El Sapo Inquisidor—, es necesario aclarar que estos sean para niños o para niñas, de acuerdo con sus características. Coincidimos también en que cuando se habla de niños en general es innecesario incluir “niñas”, pero no puede reprocharse a quien incluya la palabra. Pero esto de “la niñez”, que es femenina, por cierto, no tiene asidero en parte alguna. Pensemos en lo idiota que sería decir, por ejemplo: «Bello el parque, con las niñezas y los niñezos jugueteando, y los vejezos chismoseando de sus vejezas». ¡Qué bárbaro!










