El terremoto del pasado 10 de agosto sacudió profundamente a Colombia. Desde entonces, miles de personas se han movilizado para apoyar a las víctimas y contribuir a los esfuerzos de reconstrucción.
Iván Darío Quiñones, querido amigo y brillante arquitecto, administrador de empresas, servidor público y profesor, es uno de ellos. Estuvo en el Chocó y quisiera hoy compartir la profunda reflexión que nos deja.
Iván nos cuenta:
“Hablando con rectores sobre los daños en sus colegios, un profesor miró una grieta y me dijo: “La verdad, Arqui, no sé si esa estaba antes”. Otro fue todavía más contundente cuando mencioné la reconstrucción: “No es reconstruir, porque sería dejar esto como estaba. Y antes estaba mal. Hay que hacerlo mejor”.
Creo que ahí entendí lo que vine a buscar.
No descubrí las brechas del Chocó. Han sido estudiadas, medidas y denunciadas durante décadas. El terremoto simplemente hizo que durante unos días todos volviéramos a mirarlas.

Y mirar importa.
Como arquitecto y servidor público, podría llegar hablando de estudios de suelos, cimentaciones, concreto y soluciones. Pero las casas de madera que sus habitantes saben construir, reparar y adaptar a la lluvia obligan a hacer más preguntas. Un incendio ocurrido apenas un mes antes también recuerda sus vulnerabilidades. No se trata de romantizar lo tradicional ni de imponer lo nuevo. Se trata de hacer conversar conocimiento local, ingeniería y territorio.
En una escuela vi un afiche para aprender matemáticas sumando manzanas. Afuera había plátanos. Dos más dos siempre serán cuatro, pensé, pero las cuatro cosas que contamos pueden ser plátanos. Lo universal puede ser el derecho; la respuesta puede seguir siendo local.
También vi camiones llenos de ayuda y una solidaridad conmovedora. Pero algunos líderes me hicieron una pregunta incómoda: “¿Quién nos preguntó qué necesitábamos?”.
Quizá esa sea la lección que me llevo. Después de veinte años en la administración pública, la experiencia no me ha vuelto menos idealista: me ha enseñado a hacer mejores preguntas.
Los camiones se irán. La lluvia seguirá cayendo, el río corriendo y la gente viviendo.
¿Y en tres semanas qué?
Ahí debería comenzar nuestro verdadero trabajo”.










