El 1 de septiembre de 1919, en una Bucaramanga de apenas 24.919 habitantes, circularon cien ejemplares de cuatro páginas que costaban tres centavos oro. Ese papel modesto se llamó La Vanguardia Liberal. Hoy cumple 107 años y más de 38.000 ediciones.
Los números dicen algo que en Santander damos por sentado. En Colombia, de cada diez empresas que nacen, apenas tres llegan al quinto año: de las 306.607 creadas en 2019, solo 98.383 seguían activas en 2024, según Confecámaras y BID Invest. Sobrevivir un lustro ya es difícil. Llegar a 107 años es una anomalía estadística. De las casas empresariales que acompañaron a Vanguardia en aquella Bucaramanga de los veinte, muy pocas siguen de pie.
Pero un periódico no se mide en balances, se mide en lo que resistió. El 16 de octubre de 1989, un carro bomba destruyó las instalaciones y mató a tres trabajadores. Al día siguiente, la redacción sacó el diario con un editorial de dos palabras: “¡Aquí estamos!”. Ese es el ADN de la casa, esto es un gran ejemplo que demuestra la tenacidad de los santandereanos.

Ahí está la lección que quiero subrayar: la libertad de opinión no es un adorno de la democracia, es su músculo. Un país donde nadie contradice al poder no está en paz, está en silencio y el silencio siempre le ha convenido a alguien.
Gracias a los que han construido por generaciones a Vanguardia: reporteros, correctores, fotógrafos, diagramadores, conductores, voceadores y administrativos que nunca aparecieron en primera página. A todos ellos, y a unas directivas que sostuvieron el proyecto cuando habría sido más rentable rendirse, mi gratitud y respeto.
Lo digo también en primera persona, Vanguardia fue mi primer periódico. Aquí me dieron algo que no se compra: una página en blanco y la confianza de llenarla. Escribir en esta casa es escribir de frente a Santander, y esa responsabilidad me acompaña cada semana.
Los gobiernos pasan, van y vienen alcaldes, gobernadores y presidentes, y todos creen que su tiempo es el definitivo. Vanguardia ha visto pasar más de veinte presidentes y sigue amaneciendo en las casas de la región. Esa es la enseñanza de un aniversario así: las administraciones son transitorias, las instituciones que trabajan bien permanecen.
Felices 107, mi periódico. Gracias por la voz, pero sobre todo por ser ese referente del empuje de las empresas santandereanas que no se rinden por ningún motivo.
Convoco a todos los santandereanos a seguir apoyando a nuestro medio de comunicación, porque el día que no exista, ese día los santandereanos nos quedaremos sin voz. Vanguardia, más que un periódico, es el activo de todos los santandereanos. Gracias, Vanguardia.










