En la actualidad, estamos pasando de un modelo de orden multilateral a uno de fragmentación multipolar transaccional. Esto no significa que el futuro vaya a ser mejor o peor; esto depende de cómo se desenvuelvan los actores ante este cambio de paradigma. Aunque, no puedo negarlo, hay demasiado en juego y existen muchos riesgos.
Para explicar mejor esta transición, mencionaré tres aspectos clave. El primero es que el orden anterior se fundaba en la idea de que una mayor interdependencia económica entre los países, regida por medio de agencias internacionales como la OMC, crearía un mercado global que serviría para disuadir posibles conflictos. Esto es, que las redes globales de comercio, finanzas y comunicaciones reducirían el riesgo de conflictos, porque hacían que la cooperación fuera más rentable que la confrontación.
Sin embargo, las mayores potencias económicas han convertido su economía y su comercio internacional en un arma (“weaponized interdependence”), de ahí que esas mismas potencias hayan erosionado a la OMC, con el fin de evitar cualquier barrera a su nueva forma de someter a los otros países. Entonces, el nuevo orden global busca crear redes asimétricas entre los países, concentradas alrededor de ciertos nodos críticos (como el acceso a fuentes de energía, a nuevas tecnologías, al mercado nacional de una economía potente, etcétera), para que, de esta forma, el país que controle esos nodos doblegue a los países pequeños que los requieren. El comercio dejó de ser una disuasión del conflicto, para volverse en una arista del dominio del pez grande sobre el chico.

A esto se suma que la brecha entre los países se incrementa cada vez más, especialmente por el desacoplamiento tecnológico en semiconductores e inteligencia artificial, la competencia por minerales críticos y la explotación de tierras raras, de forma tal que para la mayoría de los países insertarse en el mercado global es cada vez más difícil, por lo que se someten aún más a las barreras arancelarias unilaterales de las potencias que, con ello, están socavando los marcos del libre comercio multilateral.
El segundo es el cambio de los actores geopolíticos y la simultaneidad de frentes. A diferencia de la Guerra Fría, caracterizada por un equilibrio bipolar rígido entre dos grandes bloques (el capitalista y el comunista), hoy día existe una mayor variedad de actores y se han dispersado los focos de atención mundial, siendo estos simultáneos y altamente volátiles. Entre los focos de gran peligro mundial están: la guerra de Ucrania, la inestabilidad crónica en Medio Oriente (Gaza, Líbano, Irán, etcétera) y la tensión estructural en el Indo-Pacífico (con Taiwán y el Mar del Sur de China como ejes centrales), entre otros. Cada uno de estos focos amenaza el orden global, pero tiene sus propias reglas de atención. Con otras palabras, ya no son dos bloques que se controlan mutuamente, atendiendo problemas desde una misma lógica, sino varios actores, todos con sus propias agendas, ante varios focos de inestabilidad que tienen sus propias dinámicas y que constituyen amenazas híbridas, ante las cuales la comunidad internacional carece de respuestas claras.
El tercero es el declive de la gobernanza global ante las amenazas híbridas. Esto se debe al debilitamiento progresivo de los organismos multilaterales (como la ONU o la OMC) y al repliegue de la diplomacia del diálogo continuo frente a una diplomacia transaccional y agresiva; lo anterior reduce la capacidad de gestionar las crisis sistémicas como la ciberseguridad sobre infraestructuras críticas, la desinformación masiva en procesos democráticos, la delincuencia transnacional y las presiones migratorias transcontinentales, por mencionar solo cuatro aspectos.
Los riesgos de este nuevo paradigma son que el derecho internacional cede terreno ante el realismo transaccional. Los límites jurídicos, que se lograron tras décadas de negociaciones multilaterales, cada vez son menos importantes, dejando el espacio abierto a las vías de hecho que, con el tiempo, terminan por reducir aún más las expectativas y los derechos de los países del Sur Global.










