En Colombia, toda fiebre se trata de la misma manera. Acetaminofén, aguapanela y a la cama. Si la temperatura baja, nadie se pregunta por qué subió. Sentimos tranquilidad cuando el síntoma desaparece.
La economía lleva todo 2026 con fiebre y la hemos tratado con pañitos. La más reciente lectura marcó una inflación de 6,98 % para Bucaramanga, la tercera más alta del país, solo después de Medellín (7,04 %) y Armenia (7,00 %). Es decir, con un billete de 100.000 pesos hoy compramos lo que hace un año costaba unos 93.500.
Lo más curioso es que el acetaminofén es nuestra alta dependencia de productos importados. Una economía pequeña y abierta no forma precios. Lo que pagamos lo deciden los mercados internacionales. El peso llegó a acumular durante el año una revaluación de casi el 20 %. Y como importamos el 80 % del maíz, buena parte de los insumos del campo y el 100 % de los Teslas, el alivio fue amplio.
Ahora, el problema está en lo que producimos por dentro. Los servicios subieron un 7,7 %. Salir a un restaurante cuesta un 9,4 % más, pagar arriendo 5 % y la administración de los conjuntos el 17 %. La inflación básica, que deja por fuera los efectos de El Niño, La Niña o las guerras del Medio Oriente, está en 6,48 %, por encima de la inflación total.
Todo parece indicar que el culpable es el aumento del salario mínimo decretado por Petro. Sin embargo, la cosa es más compleja. Podemos considerar que el aumento es legítimo y que tuvo como propósito mejorar la capacidad de compra de quienes tasan sus ingresos en salarios. El problema es que muchos de los precios de la economía vienen encadenados —en un sinsentido— a ese valor. A esto se conoce como indexación.
Las cuotas de los conjuntos se mueven con la nómina de vigilancia y aseo. Los arriendos no se mueven por oferta y demanda, sino por el IPC del año anterior, que se fijó como techo y terminó como piso. Los precios de la vivienda VIS y VIP se tasan en salarios, no en costos ni en valores de mercado. Somos un país que fija los precios con retrovisor. Así, cada fiebre se acumula como punto de partida del año siguiente.
Por otro lado, el efecto del acetaminofén ya se está pasando. La Reserva Federal elevó su tasa y frenó la apreciación del peso. El dólar, que alcanzó a estar en $3.072 el 14 de septiembre, cerró en $3.341. Lo que hace que el Banco de la República aplique el antibiótico de siempre, subir la tasa de interés con efectos sobre la inversión, el crecimiento y el empleo. Definitivamente, en este contexto, será un milagro crecer al 6 % como propone el presidente.











