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Jueves 15 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Cinco formas de romper el silencio

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En mi última columna escribí sobre los 50 de Cornell: jóvenes que callaron mientras sus compañeros abusaban de una joven.

Cerré con una pregunta: ¿qué tendríamos que haber hecho para que esa noche hubiera 50 denuncias y no 7 horas de risas y silencio?

La respuesta, afortunadamente, es: mucho. Aquí, algunas ideas:

1. Lo primero es enseñarles a identificar y manejar sus emociones.

Solemos decir que las mujeres somos las emocionales. Pero basta ver un partido de fútbol para que quede claro que los hombres sienten, y mucho. Como pretendemos lo contrario, no les enseñamos a procesar sus emociones de manera sana para ellos ni para los demás.

2. Dejar de imaginar la sexualidad masculina como un acto de conquista que implica doblegar a las mujeres, y de penalizar a los hombres que buscan intimidad.

Decir que los hombres siempre quieren sexo es tan absurdo como decir que las mujeres siempre lo evitamos.

Son caras de la misma moneda sexista, y nos deshumaniza a todos. A ellos los presenta como irracionales, esclavos de sus hormonas. A nosotras, como seres pasivos, sin deseo.

3. Hablemos claro del consentimiento. Consentir es más que no decir “no”. Es un sí libre, que se puede retirar en cualquier momento. Una persona drogada o inconsciente, como la joven de Cornell, no puede darlo.

4. Incentivemos amistades masculinas donde quepa la vulnerabilidad.

Los hombres necesitan construir redes de cuidado e infraestructura emocional entre ellos. Hoy esa carga recae casi siempre en sus parejas, o en otras mujeres.

5. Lo más importante: enseñarles a hablar en espacios masculinos.

Decir “eso no está bien” cuesta: quien lo dice arriesga su lugar en el grupo y hasta la percepción de su hombría.

Como sociedad podemos cambiar eso: hombres que reconozcan y celebren públicamente a quien se atreve, permite formar jóvenes que entiendan que los hombres de valía defienden sus principios ante el grupo, no encubren a quien se aprovecha de alguien indefenso.

Si trabajamos juntos, en el próximo chat alguien se atreverá. Y sabrá que lo respaldan la familia, colegio, iglesia, y amigos que le enseñaron a hacerlo.

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