Hace 45 años se creó el Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB). Los visionarios de la época sabían que los efectos de la conurbación eran inminentes y por lo tanto se necesitaba construir un esquema asociativo con una visión supramunicipal y con capacidad de ejecución. El AMB fue de las primeras en crearse en el país y ha cumplido un rol esencial. Se le debe la construcción de la plaza cívica Luis Carlos Galán, los intercambiadores del Bueno y Palenque, la transversal Oriental, la doble calzada del Bueno a Provenza y parques como Las Mojarras o La Flora.
Esta institución era como un recipiente sólido a la que le cabía el agua necesaria. Se requería un envase adecuado al contenido. Sin embargo, desde hace más de una década le empezaron a aparecer huecos. El gobernador dejó de ser miembro de la junta metropolitana. Se perdieron los ingresos de la sobretasa ambiental y por lo tanto la competencia como autoridad en esta materia. En Floridablanca ya no ejerce como gestor catastral y autoridad de transporte. Girón le transfiere recursos ínfimos, solo 25 millones de pesos al año. Poco se sabe de los delegados del gobierno nacional y de las entidades sin ánimo de lucro en la junta metropolitana. Adicionalmente, todo lo metropolitano empezó a perder credibilidad. Metrolínea fracasó. El Anillo Vial sigue sin el retorno y el Anillo Vial Externo Metropolitano sufre innumerables dificultades. Lo único metropolitano de resaltar es el acueducto, que de hecho no incluye Piedecuesta.
Con gran esfuerzo se ha logrado coordinar el Pico y Placa y el Día Sin Carro. La falta de coordinación metropolitana se ha visto reflejada en un deterioro de la calidad de vida: falta de movilidad, ilegalidad en la prestación del servicio de transporte y en la creación de nuevos asentamientos, déficit de vivienda, crisis en servicios como aseo y alcantarillado, y aumento vertiginoso de los precios. El camino es el distrito. Mientras tanto, ojalá el gobierno nacional contribuya a darle un vuelco a esta historia con un sistema integrado de transporte masivo para que la gente se vuelva a montar al bus y a mover de manera confortable y segura.
Se necesita una nueva gobernanza que incluya al gobernador y un representante del sector académico y privado; un nuevo nombre que represente la unión (¿Área Metropolitana del Río de Oro?), aportes financieros equitativos, un operador único de acueducto y alcantarillado y la construcción de símbolos metropolitanos (¿una maratón o un circuito turístico?). La formulación del Plan Integral de Desarrollo Metropolitano 2027-2037 es una gran oportunidad. Después de 45 años, el desafío no es tener el AMB que alguna vez se tuvo, es construir la institucionalidad y la ciudad metropolitana que queremos tener.










