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Domingo 18 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Pasar del pacto al impacto 2

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Hace poco más de un año, durante la Primera Cumbre Internacional del Agua, celebramos en Bucaramanga la firma del Pacto Territorial por el Agua del Gran Santander. En ese momento escribí sobre la necesidad de convertir los compromisos en acciones concretas y de involucrar al sector empresarial en la construcción de soluciones. Hoy, después de la segunda versión de esta cumbre, realizada en Cúcuta, tenemos razones para ser optimistas.

La RAP Gran Santander ha demostrado que es posible construir una visión compartida del desarrollo que trascienda las fronteras político-administrativas. El agua no reconoce límites municipales, departamentales ni nacionales. Las cuencas, los ecosistemas y las actividades productivas están conectados, y su adecuada gestión exige una coordinación que supere las competencias individuales de nuestras instituciones.

Precisamente ahí radica el valor de la RAP: su capacidad para articular los esfuerzos de Santander y Norte de Santander alrededor de objetivos comunes, promover un Pacto Territorial por el Agua ante el Gobierno nacional y gestionar los recursos necesarios para convertir las prioridades regionales en proyectos concretos.

Quiero reconocer especialmente el trabajo de Hugo Rodríguez y Jhoel Bustos, quienes han contribuido a posicionar el agua como un asunto estratégico para el futuro del Gran Santander. Su liderazgo demuestra que la integración regional puede ir mucho más allá de los discursos y convertirse en un instrumento para promover inversiones, competitividad y bienestar.

Pero todavía tenemos una tarea pendiente. Si queremos que este esfuerzo produzca resultados, necesitamos construir una hoja de ruta que identifique las necesidades de cada territorio, priorice los proyectos estratégicos, determine los responsables de su ejecución y establezca mecanismos de financiación y seguimiento.

En Santander ya avanzamos en ese propósito con la Agenda Estratégica del Agua, construida desde el territorio y con la participación de instituciones, empresas, academia y comunidades. Esta experiencia nos permitió desarrollar una metodología que combina rigor técnico, conocimiento local y articulación institucional para convertir las necesidades en oportunidades de inversión y desarrollo. La participación del sector privado es fundamental para llevar este ejercicio a la práctica. Necesitamos empresarios y líderes gremiales que asuman un papel activo en la identificación de oportunidades, la estructuración de proyectos y la movilización de recursos. Su conocimiento de las actividades productivas, su capacidad de gestión y su liderazgo son indispensables para convertir las prioridades del territorio en inversiones concretas.

La Segunda Cumbre debería ser el punto de partida para extender este ejercicio a Norte de Santander. Compartimos desafíos en conservación de fuentes, acceso y uso del agua y tratamiento de aguas residuales. También compartimos la voluntad de construir una región más próspera, productiva y sostenible.

Contamos con una metodología probada que nos permite construir desde el territorio esa hoja de ruta para que ese pacto que firmamos el año pasado tenga el impacto que todos esperamos.

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