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Columnistas
Martes 20 de octubre de 2026 - 01:00 AM

El sistema de transporte público colectivo

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Bucaramanga y los municipios que conforman su área metropolitana tenían en el siglo XX un sistema de transporte público colectivo deficiente, operado por empresas transportadoras locales del sector privado. Su estructura logró llegar hasta el siglo XXI: en tal entramado, las empresas de transporte no son dueñas de los buses, solo son intermediarias entre el Estado que otorga los derechos de operación y un alto número de pequeños propietarios de vehículos. Esa fragmentación de funciones, según analistas, genera descoordinación.

El gobierno de Álvaro Uribe Vélez, a principios del siglo XXI, buscando solucionar tan agudo problema de transporte urbano, impulsó en las siete principales ciudades del país (entre ellas Bucaramanga) la creación de sendos sistemas integrados de transporte masivo (SITM), con el propósito de que ellas tuvieran transporte público urbano de pasajeros adecuado, que fueran más ordenadas en su movilidad, con menos contaminación del aire, etc.

En tal proyecto gubernamental invirtieron una abultada suma de dinero los municipios, los departamentos y la Nación y, aquí, entre nosotros, nació el Sistema de Transporte Masivo de Bucaramanga y su área metropolitana, coloquialmente conocido como Metrolínea. Mas la realidad resultó diferente a los propósitos. Las cosas se hicieron desordenada y precipitadamente, no hubo coherencia y los resultados de ello los padecemos a diario millones de colombianos.

En Bucaramanga, donde ahora comienzan a rehabilitarse algunas estaciones de Metrolínea, el carril exclusivo para uso de dicho sistema de transporte lleva casi dos décadas siendo un despiporre y Metrolínea naufragó en profunda crisis financiera que asciende a más de $600 mil millones. ¡Ese no fue el paraíso anunciado!

La bancarrota de Metrolínea resucitó el viejo sistema de transporte urbano de pasajeros, que es inadecuado, de mala calidad; su parque automotor es obsoleto, las rutas están concentradas en pocos corredores viales, la operación es fragmentada, enredada. Y nadie sabe cuánto tiempo más tendremos que padecer tal calvario.

¿Polución? Ahhh, han aumentado las emisiones de monóxido de carbono, de óxido de nitrógeno, de dióxido de azufre, de material particulado, etc. ¿Y el ruido? Infernal. Y un corolario: parió hijos adulterinos: el mototaxismo y demás formas de transporte informal.

¿Cuál ha sido el resultado de la operación de Metrolínea en los quince años que lleva de haber comenzado su actividad? Si la ciudad tenía un problema de movilidad antes de su creación, lo ha multiplicado exponencialmente. Hoy el tráfico citadino es un enredo inenarrable.

Y, de ñapa, cada vez que hay elecciones de alcaldes y gobernadores, la manipulación de las emociones de los electores oficia como partera de malos gobernantes, personas incapaces de resolver problemas como este.

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