Columna de opinión de Alberto Enrique Pacheco

En la era moderna, la disponibilidad y el consumo de este tipo de productos han aumentado considerablemente, cambiado drásticamente nuestros hábitos alimenticios y no precisamente para mejorarla. Ellos se caracterizan por su alto grado de procesamiento industrial, que los tornan más sabrosos -palatabilidad- y de larga duración, fuera de ser adictivos, llevando al consumidor a comer en exceso (entre 500 y 1000 calorías adicionales) desarrollando malos hábitos en la nutrición poblacional. Por mencionar algunos:
Los ácidos grasos omega-3: nutriente esencial que juega un papel crucial en la salud del cerebro, la función cognitiva y la salud cardiovascular, tiene efectos antiinflamatorios y puede ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y trastornos del estado de ánimo como la depresión, gracias al ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA); sin embargo, su presencia en los alimentos ultraprocesados rara vez tienen una fuente significativa, contribuyendo a la deficiencia dietaria.
Las vitaminas del complejo B (B6, B12, ácido fólico y tiamina): siendo esenciales para el metabolismo energético, la función del sistema nervioso y la producción de neurotransmisores, se encuentran en: la carne, pescado, huevos, productos lácteos, legumbres y cereales integrales; lastimosamente, no sucede lo mismo en los alimentos ultraprocesados, en el cual su presencia es limitada por el procesamiento industrial, lo que conlleva a su deficiencia, asociándose a problemas como la fatiga, irritabilidad, depresión y pérdida de memoria.
El magnesio y el zinc: minerales principales que desempeñan un papel preponderante en la función muscular, la salud ósea, la regulación del azúcar en sangre y la función del sistema inmunológico. Se encuentran en alimentos integrales como: nueces, semillas, granos enteros, legumbres, carne y mariscos; no obstante, su presencia es limitada debido al procesamiento y refinación, lo que se asocia en diferentes inconvenientes en la salud, que incluye la fatiga, debilidad muscular, irritabilidad y problemas de sueño.
Los antioxidantes: compuestos que ayudan a proteger las células del daño causado por los radicales libres y la oxidación, se encuentran en frutas, verduras, nueces, semillas y granos enteros, y suelen estar ausentes en los alimentos ultraprocesados debido a su alto grado de procesamiento, perdiéndose con ello sus efectos benéficos en la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, el envejecimiento prematuro y algunos tipos de cáncer.
La fibra: vital para la salud digestiva, la regulación del azúcar en sangre y la prevención de enfermedades crónicas como: la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades del corazón. Además, suelen ser bajos en los alimentos ultraprocesados debido a su eliminación durante el procesamiento industrial. En su lugar, estos alimentos son reemplazados por cantidades excesivas de azúcares añadidos, grasas saturadas y calorías vacías, lo que contribuye al deterioro de la salud a largo plazo.











