Opinión de Hernán Clavijo Granados

Las empresas nacen de una idea y un emprendedor; una persona que decide invertir su tiempo y su esfuerzo en transformar esa idea en una propuesta de valor para, posteriormente, llevarla al mercado. Esta labor requiere asumir riesgos, preferiblemente controlados, y persistencia para sobrepasar los diferentes retos que se presentan en el camino.
Con el tiempo, las preferencias de los consumidores evolucionan, los productos y servicios cambian, y las organizaciones deben adaptarse a estos cambios. Las compañías que no logran adaptarse, tienden a ser reemplazadas por su competencia y las que no crecen (por lo menos al ritmo del mercado) tienden a desaparecer.
Una de las estrategias comúnmente usadas para adaptarse a los mercados es seguir las tendencias de consumo; unas de ellas creadas por cambios en las preferencias de los consumidores y otras, en mi opinión las más especiales, creadas por visionarios del mundo empresarial que hacen apuestas disruptivas para atender necesidades que son muchas veces desconocidas por los mismos consumidores.
Esta visión, independientemente de si obedece a una tendencia o a una propuesta disruptiva, es la que le permite a los líderes de las organizaciones definir una estrategia y consolidar un equipo que se encargue de materializar esa visión, generando bienestar para la empresa, para los empleados, los clientes, los accionistas y, en general, para cualquiera de los grupos de interés.
Cada empresa debe contar con una estructura que le permita organizar las tareas y aprovechar las fortalezas de todos sus miembros para lograr los objetivos.
Si los objetivos de la empresa y los de sus empleados se alinean, el proyecto de vida de cada persona le aporta valor al de la organización y, con esto, se crea una cultura empresarial en la que se comparten los valores y se crean espacios en los que la productividad de la empresa y el bienestar de las personas no compiten, sino que se complementan.
En muchos casos se cree que, con más recursos, el crecimiento y el cumplimiento de los objetivos se hará más fácil, o más rápido, o las dos.
Y sí, los recursos pueden ayudar; pero no pueden nunca reemplazar la visión, la estructura y la capacidad de adaptarse al mercado.
Para lograr el éxito en una empresa, es importante entender que es el mercado el único juez de la estrategia y que sin visión no es posible llevar el buque a puerto.
Los retos del mundo empresarial son infinitos y ser empresario no es una tarea sencilla. El tema de fondo es que, sin empresario no hay empresa, y en el largo plazo no hay tal cosa como inversiones rentables cuando se pierde la cultura y la visión.












