Publicado por: Hernán Porras
Convencidos del valor que tiene la educación en el desarrollo y el perfeccionamiento de los seres humanos, y en correspondencia con la misión institucional que hemos asumido con la Educación Superior como principal fuente de transformación de la sociedad, presentamos algunas consideraciones que estimamos pertinente acoger como Nación, a propósito de la reforma a la Ley 30 de 1992 que impulsa el Gobierno colombiano.
Como quiera que esta es una valiosa oportunidad para que las comunidades académicas y la sociedad establezcamos los más amplios consensos en torno al valor y el sentido de la Educación Superior, la reforma debe considerar el sistema educativo en su conjunto y la contribución efectiva de otros sectores, pues como proceso fluido y continuo posibilita a las partes interactuar en diferentes niveles, tanto interinstitucional como intersectorial.
La calificada participación de diversos grupos y actores sociales permitirá precisar con mayor amplitud la visión de la labor que atienden las instituciones de educación superior (IES), y, por ende, favorecer el incremento progresivo en los niveles de admisión y de graduación exitosa de los jóvenes colombianos que aspiran a una formación superior de calidad.
Esta apuesta debe estar centrada en el ser humano que ha de prepararse para enfrentar las grandes transformaciones que atraviesa el mundo; orientarse a un conjunto de valores que dignifiquen la vida humana y la plena comprensión del sentido de la libertad con responsabilidad social y personal; y conducir a la adopción de un sistema de educación superior más flexible; articulado con los demás niveles educativos, con el sistema nacional de ciencia y tecnología, con el sector productivo, y con presencia en los territorios. Un sistema que crece en cobertura responsable y de calidad; que garantiza la permanencia y la pertinencia; que materializa la educación como derecho fundamental; y en el que el gobierno universitario se designa y conforma atendiendo al interés institucional y preserva adecuado balance en la representación de la comunidad académica, la sociedad y el Estado.
Así delineada, hablamos de una empresa que se soporta en la esperanza de construir un país más justo; pensado en relación con el entorno natural; y sobrepuesto a un contexto atravesado por profundas desigualdades que han mantenido la escasez de oportunidades para grupos poblacionales diversos y en situación de vulnerabilidad.
La apuesta habrá de ser por una educación superior en todo sentido. Que se erija como vía expedita para el goce efectivo de derechos en contextos urbano-territoriales; que forme para la vida y el buen vivir; que coadyuve a eliminar el lastre por las dolorosas marcas del conflicto armado; y que llegue también a los lugares menos favorecidos.










