Publicado por: Isaí Fuentes Galván
La Sección Quinta del Consejo de Estado admitió la demanda de nulidad electoral presentada contra los resultados del pasado plebiscito en el que resultó ganador el No, al establecer que dicho resultado fue producto de un engaño de los promotores de esa campaña a los electores.
No tengo por hábito llorar sobre la leche derramada, ni quejarme de los resultados electorales por conveniencia propia, las cosas son como son, simplemente ocurren y ya. De manera que no voy a poner en entredicho la victoria del No, pues es victoria y punto. Así es la democracia, solemos decir los demócratas.
Lo que sí propongo es que cuestionemos, la forma como se están haciendo las elecciones democráticas y sobre todo ¿cómo las están ganando los victoriosos?
Según expertos, en la pasada campaña electoral de los Estados Unidos quedó demostrado que por lo menos un 80% de las afirmaciones de Donald Trump no son ciertas, es decir, son mentiras. La mayoría de esas afirmaciones fueron calculadamente elaboradas por los asesores de campaña, tenían por objeto generar miedo, confusión y desconfianza en los electores. Trump ganó con esa estrategia de mentira, sin embargo difícilmente alguien se atrevería a cuestionar la legitimidad de su elección. ¿Por qué? Porque mentir no es delito, confundir o atemorizar tampoco, a no ser que quien lo haga sea un hombre barbado con turbante, que en medio de una multitud, grite ¡Alá es Dios! y salga corriendo abandonando un maletín.
Igual ocurrió con la campaña por el No, la mayoría de las afirmaciones que se difundieron especialmente en redes sociales, resultaron no ser ciertas. Aunque no se puede decir que todo el que votó por el No lo hizo por el miedo o rechazo que provocaban esos rumores, lo cierto es que es esa estrategia fue decisiva, y los del Sí no supieron contrarrestarla. Si el Consejo de Estado revisara las estrategias de campaña de todas nuestras elecciones pasadas, seguramente todas resultarían viciadas de nulidad, porque con una ciudadanía mayoritariamente ingenua y sin educación política elemental, los mentirosos siempre tendrán las de ganar.











