Publicado por: Libardo León Guarín
Cambiar normas sociales de comportamiento no es como cambiarse de ropa, dicen los sociólogos; es proceso largo y difícil que puede demorar generaciones, según el arraigo o interiorización que hayan alcanzado en la sociedad; unas llegan a ser hábitos, otras costumbres y otras usos modales, ofreciendo diferentes grados de resistencia al cambio, de mayor a menor; son más resistentes los hábitos y menos las conductas modales.
Todas estas normas, más las jurídicas que las cambia la Ley, independiente del grado de arraigo alcanzado, es lo que se llama la cultura, concepto distinto de lo que llaman cultura en el lenguaje cotidiano.
Semejante explicación teórica simplemente para decir que un pueblo experimenta cambios sociales cuando cambia su cultura, -su mentalidad- es decir en las normas de acuerdo a las cuales actúa. Señalemos algunos ejemplos de costumbres colombianas –manías colombianas para otros- que llaman la atención porque al contrario de mostrar perspectivas de cambio, cada vez parecen más arraigadas. Llegar de último pero hacerse el “avión” para pasar de primero es cada vez más frecuente en las “colas” en los bancos, en el abordaje del transporte; algunos confunden esta forma a-social de comportamiento con la malicia indígena, pero no hay tal; sería ofender a los nativos. Oí decir que en algunos aeropuertos internacionales se sabe cuál es la fila para viajar a Colombia por el desorden generado por los “colados”. Otra es dejar para última hora todo; además habla de nosotros como un pueblo que confía más en el azar que en la planeación, que sustituye el “no dejes para mañana …..” por el “mañana será otro día”; tampoco es de la malicia indígena sino del escurrirle el bulto a la responsabilidad.
Cumplir con las normas de tránsito, por ejemplo, solamente pensando en la multa o porque el policía no está por ahí y no por la convicción en el beneficio social que trae no pasarse en rojo, es tener formación más hacia el miedo al castigo que hacia la convivencia entre pares. Y llegar tarde porque “fuequequefueque” echándole la culpa a alguien o a algo –otra costumbre o manía colombiana- o sin ofrecer disculpas como sucede con ciertas citas médicas, nos retrata de cuerpo entero porque deja ver el irrespeto por el tiempo del otro, cuando no de la arrogancia del “no sabe quién soy yo”.
Cuatro casos de costumbres colombianas que ya casi llegan a ser hábitos para entrar a formar parte de nuestro propio ethos.











