Columna de opinión de Libardo León Guarín
Mi generación ya “ad portas”, sobre todo la que logró ingresar a la universidad pública, hizo suyo lo de “¡o te paras fuerte o te tumba la vida; tú decides!”. No fuimos la universidad solamente a sentarnos y oír a maestros uno tras otro, que los tuvimos brillantes, sino a vivir intensamente la vida de estudiantes fuera de aulas, en la tertulia amiguera de cafetería, en la conferencia, la exposición artística, en la búsqueda de información objetiva , en el cine clásico y del surrealismo italiano, en la lectura de libros con sentido crítico, además de textos recomendados en la bibliografía de los programas académicos, etc. El resultado, profesionales calificados, abiertos mirando lejos en lo personal, sin orientarnos exclusivamente hacia el éxito económico sino hacia la transformación de una sociedad, que ya mostraba fisuras graves; de ahí la fama de rebeldes contra los establecido, de críticos del “statu quo”.
Sin embargo, no fueron suficientes nuestros aportes críticos esperando el quiebre para doblegar a una derecha, empoderada, clasista y rezandera, que cree más en las salidas providenciales y en el destino manifiesto, que en la capacidad humana para solucionar sus problemas, sin tener que agrandarlos como sucedió con el deterioro ambiental. Al final de nuestras vidas, casi perdidas las esperanzas de un país soñado, una pequeña luz al final de túnel: un programa de cambio social inicial ganó limpiamente por mayoría de votos. ¡Pero quién dijo miedo! Nunca antes vimos tanta saña, encono o ensañamiento contra un gobierno que con errores, exculpados por la inexperiencia de la primera vez, al cual se le aplican zancadillas porque hizo y porque no hizo, hasta favorecer el chisme, dentro de la estrategia de maximizar mediáticamente los errores silenciando las realizaciones que las hay y muchas; con filosofía subyacente de favorecer ante todo programas dirigidos a las mayorías olvidadas, buscando un mínimo de equilibrio en las estructura de clases sociales, rígida y marmórea. Sí; miramos lejos el país futuro; pero optimismo no nos falta; algunos vivos aún pensamos que no es solo retórica lo de “nunca es más oscuro que horas antes del amanecer”.
Adenda.- El chiste político de la semana podría ser la acusación del candidato Trump a la fórmula demócrata Kámala Harris – Tim Walz de “comunistas”. Allá como aquí hay ingenuos asustados con miedo inyectado y mal informados que le creen.












