Columna de opinión de Libardo León Guarín
Así llamaron brebajes o alguna planta en la medicina popular, cuando la académica era cosa de matarifes; sin saber cómo, ni por qué, asuntos que después hizo suyos la terapéutica científica, el remedio se difundía como antídoto para aliviar, sobre todo el dolor, de manera rápida y casi milagrosa. Pues eso mismo se continúa haciendo para trastornos del cuerpo y de la psiqué en sectores con pobreza baja, media y alta, para darle gusto al DANE; y quién lo creyera, también en el tratamiento de los problemas sociales, cuya investigación más allá de la creencia solo lleva unos 150 años, con períodos muertos; hasta llegar a hoy cuando aún prevalecen las medidas de prontoalivio esperando resultados positivos definitivos para enfermedades sociales como la inseguridad, la corrupción, las muertes violentas, el suicidio, delitos ecológicos, impunidad, calidad de la educación sin formación y toda una variedad de conductas sociales disfuncionales, asentadas en un medio que merece otra suerte.
En el caso del suicidio, por ejemplo, en los últimos 5 años se registraron 53.373 intentos y 1601 consumados en menores entre 5 y 17 años en Colombia; entre las explicaciones prontoalivio atendiendo las cuales se pretende controlar el problema, se señalan la divulgación de casos en los medios, los acosos, la falta de disciplina en niños, niñas y adolescentes, la pérdida de autoridad de los padres, etc. Pero estas a su vez deben entenderse como provenientes de raíces estructurales enquistadas en la composición básica de la sociedad, sus valores y sus normas: la alienación religiosa, las perspectivas de vida, las relaciones sociales familiares, el éxito absoluto meta perentoria difícil de cumplir, la discriminación, etc. Si las primeras son de atención inmediata las segundas requieren planes y programas de cambio estructural continuados y persistentes a largo plazo. Son dos instancias para atender los problemas sociales.
Más sencillo: a la delincuencia disparada, al macro y microtráfico haciendo estragos en jóvenes y adolescentes y al sicariato disparado se los pretende atacar casi de manera exclusiva con medidas policivas, por lo demás hacinando reclusorios hasta en un 600%, equivalente a decir que los reclusos tienen que dormir parados. La solución, abrir más cárceles como salida prontoalivio, olvidando fuentes nutricias de la delincuencia: desempleo, discriminación, formación y capacitación, sustitución de trabajos por automatización. Cuando un funcionario anuncia alborozado la construcción de nuevos reclusorios, habría que responderle que reservemos tanta emoción para cuando se estén cerrando por falta de huéspedes.












