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Sergio Rangel
Domingo 31 de marzo de 2024 - 12:37 AM

Por unas monedas

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Hoy domingo, fecha de la resurrección de Jesucristo, es bueno recordar este episodio traído a cuento por Giovanni Papini, uno de los escritores más sobresalientes del del Siglo XX, en un libro memorable que tituló: Historia de Cristo, en el que afirma, con toda verdad que “Jesús no quiso jamás tocar con sus manos una moneda”. No tocó con sus manos las monedas, pero tocó las carnes podridas de los leprosos o de los muertos. A Él que nada de aquello le daba asco, las monedas le daban náuseas. Papini nos recuerda numerosos episodios que tienen que ver con las monedas acuñadas. Dice que cuando le pidieron el tributo para el templo, que era obligatorio como judío, le da la orden a Pedro de echar las redes. El primer pez que saca trae en su boca el doble del dinero pedido. Así son entregadas al cobrador de impuestos.

Pero el episodio más significativo de toda la historiografía de Jesús y su aversión a las monedas fue cuando Cristo fue obligado a contemplar una moneda. Le señalaron que como él se decía Israelita, debía pagar el censo Él mismo. Y mostrándole la moneda del censo para que la tomara, vio que ella tenía el rostro de alguien. Jesús preguntó, ¿de quién es esa figura?, del César, respondieron. Jesús dijo entonces “…Dad pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

Según Papini son infinitos los significados que encierran estás palabras, pero el mayor significado es: “Entregad lo que no es vuestro”. Nos afanamos toda la vida por amontonar billetes o monedas que tienen la figura de un gobernante. Y muchas de ellas llevan el contagio inexorable del crimen.

Jesús dio a sus discípulos la orden de no llevar talegos para las ofrendas, una orden de la que Papini dice, “hace estremecer”. La bolsa de la comunidad debía estar en las manos de un tesorero, un discípulo que sería Judas. Ante la traición éste se ve obligado a devolver el dinero y se ahorcó. Papini el autor de la Historia de Cristo, se extiende en relatos sobre esas fichas de metal acuñado, historias del dinero que va y viene de unas manos a otras, sucias de “sudor y de sangre” , manos rapaces del ladrón, de la mujer vendida y comprada.

Dando un salto mortal en el tiempo, en que el dinero no se acuña, no se toca, no se ve, es un imaginario, sigue siendo un esencial medio de pago, sin el cual no se podría vivir. Pero no olvidemos, dice Papini: “…Del Cristianismo no hay escapatoria, se quiera o no, porque no es lícito liberarse de lo que libera”

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