El país necesita reglas que no se vulneren sin causa y con acompañamiento técnico, no podemos seguir siendo gobernados con la ideología por encima del criterio técnico.

Nos convertimos en ese sujeto al que todo el mundo pone en duda para prestarle platica… Las recientes rebajas en la calificación crediticia por parte de la calificadora S&P (de BB+ a BB, con perspectiva negativa) además de la de Moody’s nos muestran un país que, en términos financieros, estaría un escalón por encima del “riesgo alto”.
Como si Colombia fuera una persona, ahora exhibe antecedentes de endeudamiento preocupante, menor liquidez y signos evidentes de desorden financiero. Nuestro “promedio” como entidad económica está empeorando, y esto encarece el crédito, hace más volátil la inversión extranjera y reduce la valoración institucional del país.
Gran parte de esta debilidad se refleja en nuestra regla fiscal, una especie de cinturón de seguridad presupuestal vigente desde 2012, diseñada para mantenernos con cuentas controladas y evitar que gobernar se convierta en gastar más de lo que se ingresa. Aquella ley ponía techos al gasto y al endeudamiento. Sin embargo, durante la pandemia (2020–2021) se activó una cláusula de escape que permitió suspender temporalmente la regla fiscal. Ahora, nuevamente, y sin pandemia, el Confis autorizó suspenderla hasta por tres años, lo que dispara nuestro déficit potencial al 7% del PIB, frente a un límite pactado del 5,1%.
Esto afecta la confianza, eleva el costo del dinero y termina golpeando los programas sociales que el Gobierno supuestamente buscaba impulsar. La regla fiscal es nuestra carta de buena conducta en el escenario global; suspenderla sin una razón de gravedad manifiesta envía a Colombia al salón de la irresponsabilidad macroeconómica.
Muchos se preguntarán: “¿Y esto qué tiene que ver conmigo?” La falta de disciplina fiscal tiene efectos concretos para todos: suben los intereses de los créditos que pedimos para una vivienda o un negocio, se reduce la inversión extranjera y se encarecen los proyectos de servicios básicos. En otras palabras, si Colombia fuera una persona, ahora le costará más pedir un préstamo por su reputación en entredicho.
¿Qué hacer? Es urgente restablecer la regla fiscal y diseñar una ruta clara para regresar al orden. El país necesita reglas que no se vulneren sin causa y con acompañamiento técnico, no podemos seguir siendo gobernados con la ideología por encima del criterio técnico. Además, hay que implementar medidas como reformas tributarias progresivas, racionalización del gasto y mejora de la eficiencia en la ejecución de los presupuestos.
Y, muy importante, es hora de construir una cultura fiscal ciudadana: entender que las cuentas públicas no son un juego de débitos sin límites, sino un contrato colectivo donde todos aportamos y todos exigimos rendición de cuentas. Si se quiebra la credibilidad en las finanzas del país, Colombia pierde no solo acceso al capital, sino también la capacidad de construir futuro.











