Estamos frente a dos hechos sociales de gravedad y complejidad suma: tenemos madres muy jóvenes que, además de que están en riesgo inminente de contraer enfermedades de transmisión sexual, están quedando en embarazo sin que lo hayan planeado
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
A pesar de que el Estado y algunas instituciones privadas han intensificado en los últimos años sus campañas y han diseñado estrategias con el propósito de educar sexualmente a la población y particularmente a la mujer, los avances, aunque ocurren, son pequeños y en algunos casos están aún muy lejos de un éxito significativo.
Una de esas entidades que por décadas ha mostrado un compromiso sostenido con este decisivo aspecto del desarrollo personal, familiar y social, es Profamilia, que acaba de divulgar su encuesta nacional de demografía y salud que arrojó para Santander algunos indicadores bastantes preocupantes.
Por ejemplo, como lo informó Vanguardia Liberal este lunes, sólo un 8% de las mujeres que tienen algún tipo de unión de pareja utiliza o exige el condón en sus relaciones sexuales, lo que implica que ese 92% restante actualmente no toma ningún tipo de precaución contra las Infecciones de Transmisión Sexual y el VIH/Sida.
Pero, además de la casi nula prevención de este tipo de enfermedades, está la falta de planificación familiar. De ahí que la encuesta haya encontrado que en nuestro departamento el 16% de las adolescentes (entre 15 y 19 años) ya es madre o está embarazada de su primer hijo. Y de aquí se desprende una situación que es tan lógica como lamentable: el 51.5% de los embarazos y nacimientos ocurridos en los últimos cinco años en Santander han sido no deseados.
Estamos entonces frente a dos hechos sociales de gravedad y complejidad suma: tenemos madres muy jóvenes que, además de que están en riesgo inminente de contraer enfermedades de transmisión sexual, están quedando en embarazo sin que lo hayan planeado y viéndose ante el hecho de ejercer su maternidad sin desearlo y en un porcentaje también muy alto, sin estar física ni psicológicamente preparadas para tal cosa.
Son cifras y variables que muestran una azarosa cultura sexual que está dándose en Santander y que es necesario atender desde perspectivas generales para procurar soluciones más prontas para esa vasta población de jóvenes que sufre las consecuencias irreversibles que en la mayoría de los casos dejan las equivocadas decisiones en materia sexual.
Estamos hablando de variables que pueden explicar el hecho de que más de la tercera parte de los hogares en nuestro departamento tenga como cabeza a una mujer que en muchos casos, ante su situación de emergencia, pacta uniones desiguales que resultan en maltrato físico, como, según Profamilia, le sucede al 33% de las mujeres de esta región, el que es uno de los porcentajes más altos del país.
Tenemos pues, una situación que de muchas maneras se origina en el campo de la formación sexual de nuestra juventud y está determinando unas peligrosas constantes de pobreza y violencia en la conformación de la familia santandereana que, sin duda, requieren de un mayor esfuerzo y compromiso, si queremos llegar a un nuevo y mejor futuro para todos.










