Aterra ver la penosa calidad moral de quienes en virtud de no muy transparentes costumbres, según lo ha señalado la prensa deportiva, dirigen en Colombia este deporte que no sólo mueve enormes cantidades de dinero, sino que ha sido la causa de decenas de muertes violentas cada año.
Publicado por: Redacción Editorial
A la historia de Hernán Darío Gómez seguirán escribiéndole capítulos y a medida que avanza la trama, va haciéndose más pavoroso, increíble y detestable el desenlace. Hoy poco queda del huracán de indignación nacional que incitó la noticia de la embestida del técnico a una mujer en una borracha madrugada bogotana y ahora sólo se siente una fría brisa sabanera de esas que vienen acompañadas de tupida niebla que todo lo congela y todo lo oculta.
La proterva (y por lo visto efectiva) estrategia de la Federación Colombiana de Fútbol quedó totalmente al descubierto: hacer lobby con los patrocinadores de la Selección, enfriar el escándalo y dilatar una decisión que no se tenía que pensar ni un minuto, hasta imponer nuevamente el nombre de Gómez como técnico del equipo nacional, mediante la no aceptación de una renuncia que de haber sido seria y honesta, habría sido irrevocable.
En medio de todo esto hay una desvergüenza y un cinismo que muy difícilmente tienen parangón y si no fuera así, no podrían haberse dado las declaraciones inmorales y desvergonzadas por decir lo menos, del vicepresidente de la Federación Álvaro González, a quien le falta tanta sindéresis como le sobra insolencia al tratar de negar -incluso sobre la confesión del propio agresor-, que el ‘Bolillo’ Gómez en realidad hubiera agredido a persona alguna.
Sin ruborizarse siquiera, dijo González a los medios, “¿Qué tal que Piedad Córdoba (…), hubiera sido la agredida. No estaría todo el mundo aplaudiendo y felicitando al hombre que la agredió?”. Con tan desatinada declaración pretendió el flamante dirigente sentar una de las bases sobre las que se justifique la continuidad de Gómez al frente de la Selección, sin que les importe que hoy, cuando menos en Latinoamérica, este personaje no será tanto el técnico del equipo, sino el referente de los abusadores.
Ese será el tema que suscitará de ahora en adelante el ‘Bolillo’ Gómez a donde quiera que vaya y este será el ambiente dentro del que se moverá el equipo nacional mientras él sea su técnico. ¿Ese ‘proceso’ es el que quiere ‘salvar’ la Federación? ¿Así nos quieren garantizar la clasificación a Brasil 2014?
Pero más allá del asunto puramente futbolístico, aterra ver la penosa calidad moral de quienes en virtud de no muy transparentes costumbres, según lo ha señalado siempre la prensa deportiva, dirigen en Colombia este deporte que no sólo mueve enormes cantidades de dinero, sino que ha sido la causa de decenas de muertes violentas cada año.
Antes que negarse a aceptar la renuncia del ‘Bolillo’ Gómez, si es cierto que hay consenso al interior de la Federación Colombiana de Fútbol por mantenerlo, como lo asegura Álvaro González, lo que debería hacer si tuviera un asomo de ética es renunciar junto con el técnico y ya que los triunfos sólo son excepciones, darle al país aunque sea la posibilidad de devolverle la decencia al fútbol nacional.










