No puede ser que quienes forman parte de una comunidad puedan ser indiferentes ante su propio caos y, al mismo tiempo, beligerantes ante las autoridades porque no lo combaten.
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
La secretaría de salud de Bucaramanga acaba de divulgar un estudio mediante el cual definió el ‘perfil del infractor ambiental’ en la ciudad. Los resultados son reveladores, particularmente los que establecieron que el 79% de quienes agreden el ambiente son hombres y el 97% de éstos son personas naturales, lo que, en otras palabras, nos deja frente al ciudadano en general como principal agresor ambiental.
Y, si se mira un poco más en detalle la situación, es fácil comprobar que el estudio está declarando algo que salta a la vista y que, como se ha dicho repetidamente desde este periódico, ha empeorado con los años: los residentes de Bucaramanga cada vez tienen menos cultura en general, menos conciencia ambiental y menos responsabilidad y civismo con la ciudad y con sus iguales.
Ya no es únicamente que se lance el papel a la calle, ahora a nadie le importa dejar en las aceras la cantidad de bolsas de basura que sea, en lugares o a horas que no son las establecidas. Pagar para que cualquiera bote una carga de escombros sin asegurarse de que sea de la manera y en el lugar adecuado, es algo que también hacen muchas personas, sin que les atormente la conciencia; usar las quebradas que recorren la meseta como cementerio de mascotas y botadero de inservibles, es cosa de todos los días; dirigir el alcantarillado de la casa o de la cuadra a estas quebradas, en lugar de hacerlo legalmente, también es un abuso que se comete en muchas partes sin que a nadie le importe.
Hablamos hoy de agresiones generalizadas y de gran impacto contra el medio ambiente de la meseta y el área metropolitana y hablamos también de un ciudadano cada vez menos preocupado por los asuntos que le atañen. Porque no puede ser que quienes forman parte de una comunidad puedan ser indiferentes ante su propio caos y, al mismo tiempo, beligerantes ante las autoridades porque no lo combaten. Si el ciudadano tomara una actitud mucho más responsable frente a todos los problemas sociales, no solo en el medio ambiente, la autoridad tendría mejores posibilidades de combatir en todos los frentes y ganar estas batallas.
Pero si la indolencia ciudadana se convierte en pandemia que llega hasta los resquicios de la vida en sociedad para maltratarla y ofenderla, no hay autoridad, por suficiente y preocupada, que logre contener sus mortales efectos. Con que logremos transformar a los ciudadanos de agresores en defensores de su ciudad, habremos hecho un avance decisivo en la idea de darnos entre todos un mejor porvenir.












