Publicado por: Carlos Guillermo Martínez Gómez
Una rápida mirada al comportamiento del transporte en Bucaramanga nos lleva a la conclusión de que este se halla en una profunda crisis, resultante, entre otros muchos factores, de la falta de compromiso de algunas de las pasadas administraciones, del incumplimiento de acuerdos por parte de los transportadores y, por otra parte, del desacierto a la hora de implementar soluciones que en la práctica no lo fueron tanto. En medio de este clima de inconformismo que toca a los conductores de todo tipo de vehículos, tanto públicos como privados, existe un factor común y es Metrolínea.
Buena parte de los bumangueses aún considera que el Sistema Integrado de Transporte Masivo no era lo que la ciudad necesitaba para superar los agudos problemas que, especialmente con los llamados buses urbanos, se vivieron en las últimas tres décadas del siglo pasado. Pero, si bien esto corresponde a la percepción ciudadana y no a una conclusión técnica, la verdad es que de la feroz guerra del centavo entre buses y un servicio de taxis cada vez menos satisfactorio, que, además, se usaba en épocas electorales en el corrupto trueque de cupos por votos, pasamos a la avalancha de los piratas del transporte, que aunque frente a las normas colombianas siguen siendo abiertamente ilegales, se comportan incluso como gremio para exigir reivindicaciones, en lo que es un síntoma clarísimo de que hemos llegado a la anarquía en este campo.
Lo que hoy tenemos en la ciudad se asemeja al colapso de toda la estructura del transporte y es lo que la ciudadanía ha empezado a sentir como consecuencia de las protestas de buses y próximamente de taxis que, también en contravía de la ley, extralimitan su derecho a la protesta al impedir la movilidad y buscar el caos general como medio de presión para enunciar sus reclamos, uno de ellos la persecución a la piratería, un problema frente al que los gobiernos pasados han sido temerosos o simplemente complacientes.
El alcalde Juan Carlos Cárdenas y los demás alcaldes del área metropolitana tienen en sus manos la posibilidad de trazar una estrategia de mediano y largo plazo para dar solución a estos agudos problemas. La ciudadanía espera que esta vez el compromiso venga acompañado del acierto en las medidas que deben implementarse para superar una crisis que, de prolongarse, no solo hará aún más ruinosa la actividad transportadora, sino que profundizará el problema social que tiene de base esta situación, relacionada íntimamente con la calidad de vida de los bumangueses.











