Publicado por: Javier Flórez
Luego de sufrir por muy largo tiempo una de las violencias más devastadoras de la historia colombiana, en las décadas de los 80 y 90, Santander, en especial la zona del Magdalena Medio, logró controlar esa vorágine de muerte, secuestro, extorsión, expoliación, en la que participaron todos los grupos irregulares existentes: Eln, Farc, Epl, paramilitares, delincuencia común, cuerpos armados del despiadado narcotráfico de la época, de tal suerte que ciudades enteras, incluso del tamaño e importancia de Barrancabermeja, quedaron sometidas a un régimen de terror y muerte del que tardaron décadas en recuperarse.
Así, al final de ese ciclo, el Magdalena Medio santandereano y todo el Departamento, erradicó casi por completo estos factores de violencia y poco a poco pudo recomponer su tejido social y reorientar sus procesos de producción económica y desarrollo general. Se replegaron todas estas organizaciones ilegales armadas, el Estado retomó el control territorial y la normalidad volvió a la vida cotidiana, hasta hace un par de años que, como lo denunciamos oportunamente en Vanguardia, el recrudecimiento de la violencia en el Catatumbo, entre guerrilla, narcotraficantes y paramilitares, además de algunos grupos menores, hizo que nuevamente por nuestra región comenzarán a verse efectivos armados de estos grupos.
En pocas palabras, la guerra del Catatumbo empezó a expandirse y por nuestra frontera comenzaron a sentirse los pasos de la violencia, con atentados, secuestros, paros armados y ataques al oleoducto. Hicimos notar el fenómeno y llamamos la atención del Estado para que se reaccionara efectiva y oportunamente, pero tal cosa no ocurrió entonces y no ha ocurrido ahora, cuando desde varias instancias y vocerías de Santander, al actual Gobierno se le ha denunciado la situación, sin que, hasta el momento, se haya producido una respuesta seria al respecto. Prácticamente ni siquiera se ha producido una respuesta en cualquier sentido.
Lo último que admite este departamento es que regrese la violencia que tanto hemos sufrido y que hace tanto erradicamos. Es perentorio que el Gobierno Nacional cumpla en esta materia sus compromisos con los santandereanos. Se le ha pedido insistentemente al Ministerio de Defensa y al mismo presidente Petro, que se tomen acciones de inteligencia, de control, de aumento de pie de fuerza, de combate contra estos grupos armados que se ven caminar libremente por distintas zonas de Santander, armados y desafiantes, sin que se pueda hacer lo que corresponde: responder con la contundencia que la Constitución y las armas le otorgan al Estado, en defensa de la soberanía y la vida de los ciudadanos.











