Publicidad

Editorial
Jueves 30 de abril de 2026 - 01:00 AM

¿Demolición silenciosa?

Publicado por: Editorial

Compartir

La casa donde nació Custodio García Rovira se está cayendo a pedazos, y con ella se derrumba una parte muy valiosa del alma de Bucaramanga, porque, además de paredes de bahareque o tejas centenarias, lo que estamos despreciando es la memoria de un hombre que entregó su vida para que esta nación fuera libre. Que una edificación con semejante trascendencia histórica agonice en el centro de la ciudad es sencillamente una vergüenza.

Custodio García Rovira fue presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada y un mártir fusilado a los 36 años por defender la independencia. Su legado intelectual y militar lo convierte en el prócer más importante que ha dado Bucaramanga y, sin embargo, la casa que lo vio nacer permanece en un estado deplorable que raya en el insulto.

El valor de conservar los inmuebles históricos es una conducta que ayuda a construir identidades colectivas sólidas. Cuando una comunidad puede tocar con sus manos los muros que cobijaron a sus próceres, cuando los niños atraviesan las mismas puertas por donde entró la rebeldía libertadora, entonces el arraigo ocurre, se consolida, pero nos ha faltado esa conciencia tanto en los gobernantes como en la gente común. Las diferentes administraciones municipales y departamentales abandonaron la casa y la ciudadanía no reclama porque considera que el patrimonio es un asunto de especialistas y nada más.

La situación ya pasa de insólita a agraviante. Insólita porque resulta incomprensible que un predio declarado Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural pueda recibir semejante trato, y agraviante porque el desdén institucional ha convertido un tesoro arquitectónico en un peligro real para la comunidad que la rodea, con el riesgo inminente de que se desplome en cualquier momento.

¿Acaso no es irónico que el máximo prócer nacido en esta tierra tenga su casa natal convertida en una amenaza estructural, a pocos metros del parque que lleva su nombre y que separa al edificio de la Alcaldía y la Gobernación? Esa contradicción significa que honramos las estatuas de bronce, el ego, pero dejamos podrir la casa, que representa las raíces del prócer.

Lo más preocupante es que el abandono prolongado alimenta hipótesis de que la demolición, bajo la excusa de una futura reconstrucción, es el destino que algunos han diseñado en silencio para este inmueble. No hay pruebas concluyentes, pero la inacción sistemática de tantos años es un indicio demasiado elocuente para los vecinos del lugar. En cualquier caso, el abandono gubernamental de una casa histórica allana el camino para que, llegado el momento, no quede más remedio que tirarla abajo.

Y entonces, una vez desaparecidos los últimos vestigios materiales de la vida de Custodio García Rovira, solo nos quedan referentes ocasionales como un parque, una estatua, un nombre en un libro de texto, pero nada real y tangible, nada que ningún bumangués o un visitante pueda experimentar. La memoria sin anclaje físico se vuelve frágil, fácil de perder. Por eso, la conservación arquitectónica es una condición básica para que las futuras generaciones hereden algo más que relatos abstractos.

Cada ciudad que descuida su patrimonio está condenándose a una especie de amnesia crónica, a vivir sin raíces en un presente cada vez más superficial. La casa de Custodio García Rovira tiene que ser rescatada con andamios, con presupuesto, con voluntad política y con presión ciudadana, porque, mientras no sea así, la indiferencia, que es cómplice del olvido, seguirá haciendo su trabajo.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whatsapp acá.

Publicado por: Editorial

Comentarios

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día