En el Concejo la tendencia es congelar el empréstito para obras, que pidió la actual administración, hasta que el Consejo de Estado defina la situación del alcalde Jaime Beltrán, lo cual es una postura comprensible, en tanto la prudencia fiscal es indispensable, sobre todo cuando hay dudas sobre la estabilidad administrativa.
Publicado por: Editorial
Bucaramanga enfrenta un momento crucial en su desarrollo urbano, por un lado, la ciudad necesita con urgencia obras que dinamicen su movilidad, últimamente congestionada y poco planificada. Por otro lado, la incertidumbre jurídica que rodea la continuidad del alcalde y las críticas técnicas a proyectos como el puente de la calle 45 con carrera 9, obligan a reflexionar sobre cómo deben tomarse las decisiones que marcarán el futuro inmediato de la ciudad.
En el Concejo la tendencia es congelar el empréstito para obras, que pidió la actual administración, hasta que el Consejo de Estado defina la situación del alcalde Jaime Beltrán, lo cual es una postura comprensible, en tanto la prudencia fiscal es indispensable, sobre todo cuando hay dudas sobre la estabilidad administrativa. Sin embargo, paralizar indefinidamente proyectos clave no conviene, máxime cuando Bucaramanga lleva décadas postergando su transformación urbana, lo que ha profundizado el caos vial, la fragmentación social y la pérdida de competitividad.
A esto se suma ahora un debate de fondo, pues la Sociedad Colombiana de Arquitectos, Regional Santander, ha cuestionado la sostenibilidad del puente sobre la 45, advirtiendo que, a pesar de su costo cercano a los 100 mil millones de pesos, su vida útil sería de apenas una década. Este es un pronunciamiento que debe atenderse, pues proviene de un gremio con conocimiento cierto de planificación urbana.
Son argumentos que indican que una obra de esta envergadura debe pensarse para durar medio siglo, cuando menos. Además, la crítica de la SCA apunta también al problema recurrente de la falta de una estrategia integral que no solo considere el flujo vehicular, sino también el espacio público, la equidad urbana y la protección ambiental.
La respuesta de la Secretaría de Infraestructura no despeja del todo las dudas, ya que afirma que la obra está alineada con el plan metropolitano de movilidad, lo cual no desvirtúa las advertencias sobre su corta utilidad, por otra parte, la invitación a socializar el proyecto con los arquitectos será positiva, siempre y cuando permita, si los diseños actuales son insostenibles, corregirlos a tiempo como un acto de responsabilidad y transparencia.
El Concejo tiene ante sí la necesidad de equilibrar la cautela institucional con la obligación de no bloquear el desarrollo, pues congelar el empréstito hasta aclarar el panorama político es razonable, siempre y cuando una espera muy prolongada no le salga más costosa a la ciudad; además, aprobar un proyecto cuestionado sin un debate riguroso, sería tan irresponsable como dejarlo morir por inercia.
Lo cierto es que Bucaramanga, más que obras pasajeras o decisiones apresuradas, necesita un acuerdo entre instituciones, gremios y ciudadanía para definir qué ciudad queremos. El puente de la 45, además de un tema de ingeniería, se ha convertido en el debate de si la ciudad avanza con una nueva visión o si sigue girando sobre los errores del pasado. El Concejo, la Alcaldía y los expertos deben trabajar juntos, sobre la base de que el futuro solo será próspero si se define sobre bases científicas sólidas y consensos sociales.











