Publicado por: Editorial
La intervención que acaba de iniciarse en la Puerta del Sol, con una inversión que oscila entre los nueve mil 500 y los doce mil millones de pesos, merece destacarse, pero no sin hacer un análisis sereno al respecto, en tanto, si bien es positivo que la Alcaldía de Bucaramanga dirija recursos a recuperar el espacio público en la ciudad, que lo haga en este sector que ha sido tratado en los últimos años como un lugar de paso incómodo y peligroso es, en principio, una buena noticia que la comunidad debe recibir con atención y expectativa.
Sin embargo, la historia reciente de Bucaramanga muestra que las obras físicas, sobre todo las que tienen que ver con espacio público, por ambiciosas que parezcan, fracasan cuando no van acompañadas de un programa de largo plazo que prevea el mantenimiento, control y apropiación comunitaria. El caso del Parque Lineal de Las Hormigas, construido en el año 2000 sobre el talud occidental de la autopista, es un antecedente pertinente, pues fue una idea en este mismo sentido, pero el abandono de las administraciones siguientes a la que la construyó produjo el saqueo del mobiliario y la desaparición del parque.
La Puerta del Sol enfrenta problemas estructurales que el proyecto debe contemplar con realismo. Allí duermen habitantes de calle; el tránsito por la autopista es intenso y altamente peligroso, además de que la iluminación ha sido insuficiente durante años. Estos factores han alimentado la inseguridad, los delitos menores y los atropellamientos. Construir plazoletas, skateparks, canchas o zonas comerciales sin considerar esas causas profundas sería un error, en la medida en que la obra física, por sí sola, no resuelve la conflictividad social ni la siniestralidad vial.
Es indispensable, entonces, que el proyecto general incluya un componente social y de seguridad sostenible, pues, además del objetivo loable de embellecer, se requiere garantizar que el espacio sea seguro a toda hora, por lo que la iluminación debe ser suficiente, el paso peatonal debe estar protegido del tráfico de la autopista y la presencia de habitantes de calle requiere una estrategia de atención integral, no un simple desalojo. Los delitos menores deben erradicarse. Sin estas bases, quienes podrían abandonar las nuevas zonas recreativas no serían la administración, sino los mismos ciudadanos, por no sentirse ni cómodos ni seguros en ellas.
Todo esto hace imprescindible que se estipule un presupuesto de mantenimiento permanente que mantenga en estado ideal las bancas, los juegos infantiles, los gimnasios urbanos y los módulos comerciales, así como los corredores verdes que exigen poda, riego y cuidado. Si no hay una partida específica para conservarlos, en pocos años la inversión se perderá, cosa que no ocurrirá si estas obras se convierten en programas de vecinos, de comunidad y de encuentro.
Si se quiere, como lo plantea la administración, que la Puerta del Sol recupere su valor como referente turístico de la ciudad, debe ser un lugar donde la gente asista, camine, se recree y conviva con seguridad. Eso exige que la Alcaldía trabaje con las juntas de acción comunal, con los comerciantes, con las empresas aliadas y con la Policía. La transformación física debe entenderse como un punto de partida hacia el propósito de conseguir la apropiación social, de manera que se consiga la participación espontánea de la comunidad en la conservación del lugar en condiciones ideales.










