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Editorial
Martes 13 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Ríos fétidos y pescado contaminado

Publicado por: Editorial

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Después de décadas de negligencia institucional, de decisiones políticas que postergaron obras esenciales y de una ciudadanía que, en gran medida, sigue creyendo que la contaminación es el precio inevitable del progreso, lo que vemos son tragedias como la de la mortandad de peces en el río Lebrija denunciada este domingo por Vanguardia, producto del tránsito por sus cauces de toda clase de elementos dañinos, entre ellos aguas residuales sin tratar que terminan por causar la muerte por asfixia de miles de animales. Los pescadores lo saben, los ambientalistas lo denuncian y los documentos oficiales lo confirman, pero la respuesta sigue siendo prácticamente ninguna.

Las quebradas y afluentes que atraviesan los municipios del área metropolitana soportan vertimientos domésticos, industriales, agropecuarios y de la minería sin control efectivo, pues la planta de tratamiento de Piedecuesta es obsoleta y cubre apenas una fracción mínima de las aguas que recibe, mientras que Girón y Lebrija carecen de infraestructura adecuada. El resultado es que miles de litros de agua contaminada llegan cada día a los cauces, arrastrando sedimentos, metales, elementos tóxicos, materia orgánica en descomposición y patógenos que enferman la fauna acuática y, por extensión, a las comunidades que dependen de esos ríos.

Para los expertos, la desaparición de la vida piscícola es indicador de un daño muy profundo, pero no menos grave es el hecho de que hay animales que sobreviven, aunque permanecen contaminados y terminan en los mercados metropolitanos, con el riesgo de salud que ello implica para quienes lo consumen. La cadena de consecuencias se extiende desde el río hasta la mesa, desde el ecosistema hasta la salud pública.

La planta de tratamiento de aguas residuales de Río de Oro, que podría reducir significativamente el impacto de los vertimientos, existe en documentos, en planes y en etapas incipientes, pero no en la realidad, y mientras su financiación completa es incierta y los plazos se extienden por años, el río continúa contaminándose por minutos. La falta de articulación entre entidades, la demora en los trámites y la ausencia de una auténtica voluntad política han convertido una solución técnica conocida en una promesa eternamente aplazada.

Pero la contaminación de los ríos también es producto de falta de educación ambiental y de cultura ciudadana. Arrojar basura, escombros, aceites usados y desechos químicos a las quebradas y alcantarillas es una práctica extendida, porque muchas personas actúan como si el río fuera un vertedero, ignorando que, de muchas maneras, las aguas contaminadas de ese río pueden terminar en su mesa y en su organismo, de manera que todo esto se convierte en un problema de salud pública, pero también de equidad y de derechos humanos, pues los costos en atención médica y en pérdida de calidad de vida son enormes y recaen sobre las comunidades más pobres.

No solo los ríos y quebradas del área metropolitana no son recursos infinitos, sino que su capacidad de diluir y recuperarse se ha reducido dramáticamente, por lo que es urgente que la sociedad en su conjunto entienda y asuma que la protección de las fuentes hídricas es una condición indispensable para la supervivencia y el bienestar de todos y es una tarea que comienza con cada uno.

Publicado por: Editorial

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