Publicado por: Editorial
A medida que se extienden los efectos del fenómeno de El Niño, la disponibilidad de agua en el oriente del país evidencia una tendencia decreciente que exige cada día mayor atención de las autoridades y de la comunidad, entre otras cosas porque los reportes más recientes sobre el estado de los embalses muestran a esta parte del país en déficit moderado, con niveles que no llegan a los promedios históricos. Esta situación es una manifestación clara de que las condiciones efectivamente están cambiando y que los temores expresados meses atrás sobre los efectos de El Niño empiezan a manifestarse.
Estas referencias, como el comportamiento de las lluvias y el nivel de los embalses, son indicadores que deben monitorearse con mayor rigor en los meses siguientes, pues es crucial saber al detalle hasta qué punto los embalses registran niveles inferiores a lo esperado y, aunque la situación más crítica se concentra, por ahora, en otras zonas del país, el oriente, obviamente, no escapa a la presión sobre el sistema hídrico, pues lo que ocurre en estos casos es que el sistema recibe menos agua al tiempo que la demanda del servicio eléctrico aumenta; un balance que en algún momento puede volverse insostenible.
De lo que la ciudadanía quiere estar segura es de que las autoridades departamentales y municipales están actuando con la anticipación debida, manteniéndose al día con la información climática que, además, debe informarse oportuna y claramente a las comunidades, especialmente a aquellas que dependen de fuentes locales de agua o que habitan zonas vulnerables a sequías, por lo que, además de emitir alertas, las autoridades deben garantizar que la población comprenda la situación y sepa cómo actuar frente a posibles casos de escasez.
Está claro también que los sistemas de alerta temprana requieren fortalecimiento en cada provincia del departamento. La instalación y el mantenimiento de estaciones meteorológicas, como la que se propone para Barrancabermeja, son pasos necesarios para contar con datos locales que permitan tomar decisiones ajustadas a cada territorio, pues, cuando es centralizada, la información no siempre acierta con las condiciones específicas de cada municipio, circunstancia que debe corregirse con instrumentos de monitoreo descentralizados y con asesoría técnica permanente. Por otra parte, cada provincia debe disponer de planes claros de contingencia, con protocolos de actuación, reservas de agua y mecanismos de coordinación con las administraciones municipales.
De lo que no debe quedar duda alguna es de que las comunidades del oriente colombiano, y en particular las de Santander, necesitan información veraz y oportuna sobre el estado de sus fuentes hídricas y, en esto, lo oportuno de la comunicación de los datos y la explicación clara de los riesgos contribuye a generar confianza y a facilitar la adopción de medidas preventivas. En estos casos, el silencio o la demora en informar aumentan la vulnerabilidad de quienes dependen del agua para su vida diaria y sus actividades productivas.











